Logosoma

El sufijo OMA se usa en biología para describir los diferentes niveles de estudio. El genoma, por ejemplo, sería el conjunto de todos los genes. Recientemente ha empezado a aplicarse a multitud de conjuntos: transcriptoma, interactoma, metaboloma, proteoma... y así hasta donde la imaginación alcance. ¿Por qué no aplicarlo también al mundo de las letras? Nace así el logosoma, el conjunto de todas las palabras, un nombre adecuadamente desmesurado y pedante; mi Ego no admitía menos.

Nombre:
Lugar: Valencia, Spain

lunes, enero 16, 2006

Reivindicando "Inteligencia Artificial"

Esta entrada llevaba durmiendo como borrador el sueño de los injustos desde hace semanas, desde que se interrumpió la cadencia de publicaciones en el blog. Resulta que poner un contador y ver que siete despistados por día se cuelan en Logosoma me ha impulsado a completarla, aunque me haya costado varios días. ¡Vaya! Si al final acabaré inclinándome servilmente hacia los gustos de un público virtual (en todos los sentidos).

En fin, vayamos con la reivindicación:

Pocas películas han sido tan universalmente infravaloradas como "IA", la mejor película de Spielberg de los últimos diez años y una de las mejores películas de ciencia ficción jamás rodadas. Esta opinión no cuenta con demasiados valedores, así que ha llegado el momento de una reivindicación. No sé si podré convenceros o no de la verdad de esta aseveración, pero tengo que intentarlo.

Aviso: En mi alegato posiblemente diseccione la película, así que no es recomendable leer esta entrada sin haberla visto previamente. Bueno, vamos allá.

Steven Spielberg había realizado otras incursiones dentro del género de la ciencia ficción. Obras de todos conocidas, tales como "Encuentros en la tercera fase" (1977), "E.T" (1982) o "Parque Jurásico" (1993) (olvidémonos de que dirigió una secuela). De todas ellas, sólo "Parque Jurásico" es lejanamente comparable a "Inteligencia Artificial" en su concepto de la ciencia ficción. Dicha película, basada en una novela de Michael Crichton, también es desdeñada por los aficionados (no así por el público), sin caer en la cuenta de su elaboradísimo trasfondo y su reflexión acerca de la tecnología y su uso por parte del hombre (trasciende en todos los niveles el simplón "complejo de Frankenstein" y el básico conocimiento sobre la teoría del caos en que se fundamente la novela). Bueno, que me enrollo y ahora toca hablar de otra película.

No sé por qué, los aficionados a la ciencia ficción se han negado a ver ninguna profundidad en ella. Al parecer, una película de cifi, para ser digna de defensa, debe ser incomprensible o poco menos (como "2001" o "Blade runner", sin querer restarles méritos), y ya no digamos si además resulta popular entre las masas... "Inteligencia Artificial", a mi entender, ha sido víctima de un prejuicio similar: Spielberg+niño=peli sensiblona+final feliz traído por los pelos. Nada más lejos de la realidad; E.T. tuvo su momento de gloria hace más de veinte años.

Antes mencionaba "Blade Runner", esa excelente obra de Ridley Scott (antes de que iniciara su declive), precursora del movimiento cyberpunk (en su estética) y una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia. Pues bien, "Inteligencia Artificial" profundiza muchísimo más en lo que significa ser humano, un tema clásico, con una visión extremadamente interesante sobre el futuro de la raza humana y de su "descendencia" (un discurso muy asimoviano) .

¿Qué es "Inteligencia Artificial"? La plasmación en imágenes de un momento crucial en la evolución de la vida (tomada ésta en un sentido amplio que expondré más adelante). El surgimiento de algo nuevo que reemplazará (o mejor, dará el relevo) a la humanidad. Pero mejor vamos poco a poco.

La película nos narra en sus dos primeras secciones los porqués y los cómos de un avance cualitativo en el campo de la inteligencia artificial, dedicando el tercer segmento a exponer las consecuencias (que no tienen nada que ver con el propósito inicial). Por ello resulta en mi opinión ridículo defender que cualquiera de ellos sobra, especialmente por el hábil modo en que están entrelazados.

Tenemos al profesor Hobby, magnate (y genio) de la robótica, dispuesto a ofrecer un robot capaz de brindar amor a un mundo en decadencia, a los Swinton, una joven pareja traumatizada por la pérdida de un hijo, y por último al propio David, una máquina programada para experimentar la más humana de las sensaciones. Superficialmente, puede entenderse la historia como: inventor excéntrico crea robot bueno; familia de acogida lo acepta hasta que el niño "de verdad" despierta; robot bueno y abandonado se busca la vida para llenar el vacío que está programado para sentir; se descubre que las razones del inventor no eran tan desinteresadas; final innecesariamente largo y rocamboléscamente manipulativo... feliz, por supuesto.

Para eso sobraba con el microcuento de Aldiss, que en realidad se ocupa sólo de la parte de la familia... y poco (más que una adaptación IA es la cristalización de una serie de reflexiones suscitadas por el texto).

A partir de ahora es donde empiezo de verdad a destripar la película, así que ya sabéis...

He aquí otra posible interpretación:

El profesor Hobby se enfrenta al vacío generado por la pérdida de un hijo diseñando un "sustituto" (no de forma consciente; siente un vacío e inventa el modo de llenarlo). Sin embargo, para probar su idoneidad escoge otra familia deshecha y se reserva el papel de observador. Pese a las reticencias iniciales, la madre acaba aceptando al robot, David, como a un hijo (su marido es un elemento sin trascendencia ya que nunca ve la situación como más que una posibilidad de promoción; el verdadero padre es Hobby). Sin embargo, cuando el niño "de verdad" despierta y se producen los típicos roces (por celos), queda de manifiesto que no son capaces de aceptar a David como a otro hijo, siempre será una máquina, así deciden devolverlo a la empresa. Desgraciadamente, ya ha sido improntado (condicionado para amar a Monica, la madre, y ser amado por ella), por lo que su único destino es el desgüace. La mujer se siente lo suficientemente unida a él como para negarse a este destino, decidiendo en su lugar abandonarlo en el bosque.

David, cuyo único objetivo en la vida es amar a Monica, se encuentra perdido e inicia la búsqueda de su madre, sin importarle lo dificultosa que pueda ser esta empresa.

Por el camino se encuentra con Gigolo Joe, un robot fugitivo diseñado para proporcionar placer sexual (amor físico). Joe, por entendernos, pertenece a la generación anterior de robots. Es capaz de proporcionar un simulacro de amor, pero no lo necesita. No es capaz de trascender su programación original. No es, por tanto, humano. David, por el contrario, tras la impronta, ha avanzado a otro nivel. La experiencia de dar y recibir amor le ha hecho perceptivo a toda una serie de emociones y capacidades puramente humanas, entre ellas la de creer en lo ilógico y luchar porque se materialice.

Gigolo Joe y David sufren toda una serie de penalidades hasta que el niño se encuentra cara a cara con su creador. Derivadas básicamente del rechazo por parte de los hombres (el fragmento de la Feria de la Carne es el menos logrado, posiblemente Kubrik lo hubiera acertado más... aunque el bueno de Stanley no hubiera podido dotar al resto de la película del sentimiento que requiere). Un rechazo instintivo basado en el miedo ante lo nuevo (el miedo a ser reemplazados). También el profesor Hobby se echa al final atrás, negándose a aceptarlo como a nada más que una máquina (exitosa, eso sí, pero sólo una máquina). Este golpe conduce a David a un suicidio simbólico, seguido de un renacer bastante literal. Aunque para comprender la significatividad del tercer acto, conviene retroceder un poco y poner de manifiesto los principales pasos del proceso de humanización del robot (es decir, seguir la senda de Pinocho).

Al parecer, lo que más le repelía a Aldiss de todo el asunto de la "adaptación" era la fijación de Spielberg/Kubrick con Pinocho. Sin embargo, la película no tendría sentido sin el paralelismo que se establece con dicho cuento. Desde el momento en que lo escucha, el objetivo de David es convertirse en un niño de verdad. Todo lo que sigue es un proceso de humanización; no material (a lo Andrew Martin de "El hombre bicentenario", el relato por supuesto), sino espiritual (a falta de un término mejor). La capacidad de David de perseguir un sueño lo diferencia de todos los robots que existieron antes que él; es la puerta abierta no sólo a los sentimientos, sino también a la imaginación, la creatividad... en una palabra, la humanidad.

Bueno, no exactamente, porque al igual que David representa un paso adelante respecto a todos los robots anteriores y los convierte en obsoletos (Gigolo Joe exclama cuando lo capturan: "Recuerda que yo soy. Yo fui"), también supone un paso adelante respecto al hombre, ya que por diseño ha obtenido sus mejores virtudes, pero libre de sus peores defectos. La incondicionalidad de su amor lo convierte desde un punto de vista ético en superior a todos los humanos con los que interactua e igualmente, su capacidad de creer (con todo lo que ello conlleva respecto a potencialidad) es superior (estremecedora la secuencia en que pide una y otra vez, sin perder jamás un ápice de esperanza, que el hada azul lo haga humano).

Llegamos pues al tercer y último acto. La Tierra es un mundo glacial. Los hombres y todas sus obras no son más que recuerdos imprecisos. Sólo sobrevive una generación avanzadísima de robots, los "descendientes" del proyecto David. Mas no consituyen únicamente la descendencia de los androides primitivos, sino que son también los hijos del hombre, el legado de la humanidad, nuestro modo de decir "recuerda que una vez fui".

Eso es precisamente lo que ansían: recordar. Sus preguntas son parecidas a las nuestras: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? Esa curiosidad, esas inquietudes, nacieron el día que Monica plantó su impronta de amor en David (el término no está escogido al azar, lo popularizó el premio nobel Konrad Lorenz refiriéndose al modo en que los animales recién nacidos "memorizan" a sus padres). El descubrimiento de David congelado les permite encontrar una respuesta, aunque sea parcial. Para los seres humanos, es un destino agridulce. Todo ser vivo está condenado a morir y desaparecer, pero al menos parte de nosotros permanecerá en estos hijos (aquí podemos entroncar con obras como "El fin de la infancia" de Clarke o "Más que humano" de Sturgeon, aunque llevadas un paso más lejos).

En cuanto a David... bueno, David es el protagonista, y al final obtiene su recompensa, tan criticado final feliz. Pero, ¿realmente es tan feliz? O, mejor expresado, ¿realmente es eso lo que importa?

No, lo significativo es que David completa su viaje. Su voluntad se impone al temor de Monica, al rechazo de su creador y al fin mismo del mundo que conoció. Su capacidad de creer sin límites y esforzarse también sin límites por hacer realidad sus sueños obtiene al final su recompensa. Cierto, podría haber quedado más "realista" de no hacerlo, pero no hay que olvidar que toda la historia es un cuento. Los cuentos no son realistas. Simbólicos, arquetípicos, didácticos sí, pero no realistas. La humanidad y su descendencia han completado su ciclo, los grandes temas ya han sido abordados, es hora de ofrecer una insignificante (e inconsecuente) satisfacción al héroe de la historia (que no lo es tal en sentido estricto, sino más bien un precursor, un paradigma).

David lleva a su culminación no uno, sino dos cuentos separados. Por una parte, su identificación como Pinocho, encontrando el hada azul (y humanizándose en el proceso), por otro, el engaño de su "hermano" envidioso, que le augura que si corta un mechón del pelo de Monica conquistará su amor. Al final, una Monica recreada a partir del mechón, libre de las preocupaciones y los prejuicios que le impidieron amar sin reservas a un hijo robot, pudo concederle lo que más ansiaba, pudo llenar por fin su vacío. A partir de entonces, ya nada importa, su existencia ha alcanzado la culminación, el cuento ha concluido y no hay perdices por siempre jamás, porque ya no resta nada por obtener.

No quiero concluir esta larguísima entrada sin hacer referencia aunque sólo sea a uno de los aspectos técnicos de la película (todos ellos sobresalientes, examinad la edición especial en DVD para disfrutar aún más con ellos), la banda sonora de John Williams. Se trata de una de las composiciones más poderosas que jamás he escuchado, especialmente en combinación con las imágenes. Perdió el Oscar. Por mucho aprecio que le tenga a la banda sonora de "La comunidad el anillo" mi opinión es que no es superior. Shore no pilló el puntito de integración de una gran orquesta en la acción hasta la siguiente película, e "Inteligencia Artificial" es una composición maestra en todos los niveles.

sábado, enero 14, 2006

La ciencia en la ciencia ficción

Venga, aprovechando la circunstancia de que he incurrido en la egolatría suprema y he insertado un contador en el blog (aunque pequeñito y partiendo de cero visitas, que conste), voy a ver si me arranco con una de esas entradas de las de antes.

Voy a desvariar un poco sobre el uso de la ciencia en la ciencia ficción, más específicamente, en la ciencia ficción en castelleno.

Será que no leo suficiente, pero se me antoja que eso de la ciencia es, en el mejor de los casos, algo muy secundario para la inmensa mayoría de escritores hispanohablantes. Confieso que no he leído ninguno de los ganadores del Alberto Magno, que me han dicho que son los premios más orientados hacia el hard, y también he de confesar que es muy probable que no sea el mayor experto en cuanto a producción nacional se refiere, pero bueno, esto no pasa de ser una mera impresión subjetiva.

La ciencia ficción que suelo encontrar por ahí (en ezines, recopilaciones y demás malas hierbas) podría encuadrarse mayoritariamente en la space opera o la aventurilla fantástica sin complejos (tomemos, por caso, el Fabricantes del año pasado). Hace un par de entradas me quejaba de la supeditación de la calidad literaria a la Idea, como sigo quejica, ahora insisto con la supeditación de la ciencia a ese mismo concepto abstracto.

Lo de "ficción" no implica que resulte innecesario preocuparse por la fortaleza científica de la ficción. Es cierto que todo relato de género fantástico, por propia definición, parte de un núcleo especulativo o, directamente, irreal. Sin embargo, para conseguir que el lector se trague lo que le estamos contando (dicho finamente: "la suspesión de la incredulidad"), el envoltorio debería ser lo más verosímil posible, y no hay nada más verosímil que la propia realidad.

Incluso en cuestiones totalmente colaterales es conveniente atenerse a esta regla, por la simple razón de que los elementos reales, tomados en conjunto, no chirrían entre sí (cierto, podemos inventarnos el modo de justificar casi todo, pero cada alteración implica forzar nuestra capacidad para mantener el conjunto coherente). Eso por no hablar de lo bien que queda en el relato determinada información fácilmente obtenible por internet (últimamente, me gusta ir dejando en mis cuentos detallitos secundarios a la historia, por si a alguien se le ocurre profundizar en ellos y descubrir la información que hay detrás, coherente en la medida de mis posibilidades con el resto del relato).

Creo que me he ido apartando del tema de la entrada.

La ciencia.

Vale, pues eso, que entre los detalles poco trabajados que me encuentro por ahí, la ciencia suele estar en primera posición. Eso cuando el relato se preocupa lo más mínimo por aportar una explicación científica, que son las menos de las veces. Me surgen varias preguntas:

¿A qué se debe esta circunstancia? No puede achacarse por completo a la formación técnica de los escritores, ya que he leído cuentos de autores "de ciencias" con las mismas carencias que el resto (aunque, también he de señalar, que parecemos ser minoría). Parece ser una cuestión de inclinación o gustos. Lo que me preocupa es si este hipotético sesgo es lo bastante fuerte como para suponer un handicap para narraciones más orientadas hacia el hard. Es decir, ¿es un escenario creado artificialmente (quizás por los gustos personales de los editores o por mera inercia creativa) o responde a razones más profundas?

La cuestión no me resulta meramente académica. De la media docenita de proyectos que tengo en marcha (algunos desde tiempos inmemoriales), la inmensa mayoría se orientan fuertemente hacia el hard (cada uno con su propia idiosincrasia). ¿Estaré fuera de honda o aún me quedan esperanzas?

viernes, enero 13, 2006

El espectro de Malthus

Hay que ver de lo que se entera uno repasando listas de correo a las que sólo se está suscrito en modo web. Resulta que el pasado día 10 salió el especial de exobiología de Golwen.

El caso es que contiene un microcuento mío, "El espectro de Malthus".

En realidad, se trata de una versión ligeramente modificada de "La criatura", cuento que apareció originalmente en el número 111 de Axxón, allá por febrero del 2002. Pese a tratarse de uno de mis primeros cuentos publicados (el segundo, para ser precisos), aún lo considero muy correcto (no como otros). Normalmente no soy muy dado a publicar varias veces mis cuentos en distintos lugares (tampoco es que tenga tantos publicados como para que se haya suscitado a menudo esta disyuntiva), pero éste era un caso especial. No sólo me gusta bastante el cuento, sino que además se ajustaba perfectamente a los parámetros de la convocatoria y, por añadidura, me permitía retocarlo ligeramente para concordar mejor con la idea que tenía al escribirlo.

Ya he indicado que las modificaciones son mínimas: un par de correcciones aquí y allá, y un pequeño añadido que confiere su significado pleno al desenlace. Precisamente por este añadido, cambié el insulso título original (qué le voy a hacer, así me las gasto a veces con los títulos) por el nuevo, más sugestivo (espero).

Para quien tenga ganas, puede comprobar la idoneidad (o no) de las modificaciones leyendo "El espectro de Malthus" y luego la versión original (es cortito, no llega a las mil palabras).

miércoles, enero 11, 2006

Una divagación

Esta entrada está dedicada a Felicidad, incombustible visitadora de este blog moribundo. A ver si aún tiene salvación (el blog, no Felicidad, que por lo que sé no necesita de salvación).

Ahora el problema es ver sobre qué puedo divagar.

Nada de lo que se me ocurre merece la pena. Tal vez sea porque están siendo unos días bastante jodidos y todo lo veo desde una perspectiva muy pesimista. El fándom, por ejemplo. Mira que yo suelo hacer bromas con mi ego (en la presentación del blog, sin ir más lejos), pero verdaderamente se queda corto para lo que se cuece por ahí. Lo que más me fastidia es la exaltación de la mediocridad; sólo porque has logrado hacerte con un grupete de amigos dispuestos a apoyar a uno de los suyos. Después hay muchas quejas respecto a que el fantástico es un género menospreciado pero, ¿en cuál otro se hace tanto la vista gorda respecto a evidentes carencias literarias de sus autores? ¿En cuál otro se publican y alaban verdaderos atentados contra la lengua? ¿En cuál se forman camarillas cerradas dedicadas a la autocomplacencia y ciegas a todo lo demás?

Vale, esto último supongo que ocurre en todas partes, pero lo anterior no.

Ojo, no estoy diciendo que no hayan obras de valía y autores serios. Simplemente, me resulta inexplicable encontrarme con según qué cosas y con según qué críticas a las mismas (tampoco vale la pena ofrecer una lista, porque sería incompleta y por tanto injusta, pero cualquiera puede pensar en su propio listado). El respeto se gana o se pierde en base a lo que se produce... o así debería ser.

Bueno, para terminar con una nota positiva (Felicidad no se merece un dedicatoria amarga), y para demostrar (o enmascarar) que esto no es un arranque de frustración, anuncio que este año no se me escapa sin conseguir un par de premios y publicar al menos un par de cuentos en papel, si puede ser cobrando mejor. Mi lista completa de objetivos es más completa y detallada, pero tampoco es cuestión de arriesgarme hasta tal punto al escarnio y pitorreo públicos .

viernes, enero 06, 2006

Lordvir

Bueno, aquí estoy de nuevo, después de muchas semanas (¿meses?) sin ánimos para subir nada al blog. Tampoco estoy seguro de que vaya a reengancharme, pero...

La ocasión de tan memorable acontecimiento no es otra que inaugurar las entradas ególatras del año con el anuncia de la publicación de un minicuento en Axxón. Se trata de "Lordvir", en la sección Ficción Breve del número de enero (158). Un cuentecito que espero que al menos sea simpático; una simple broma sin más pretensiones.

El del mes que viene (posiblemente) será igual de corto, pero muy diferente.