Logosoma

El sufijo OMA se usa en biología para describir los diferentes niveles de estudio. El genoma, por ejemplo, sería el conjunto de todos los genes. Recientemente ha empezado a aplicarse a multitud de conjuntos: transcriptoma, interactoma, metaboloma, proteoma... y así hasta donde la imaginación alcance. ¿Por qué no aplicarlo también al mundo de las letras? Nace así el logosoma, el conjunto de todas las palabras, un nombre adecuadamente desmesurado y pedante; mi Ego no admitía menos.

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Lugar: Valencia, Spain

jueves, noviembre 03, 2005

The making of "La sonrisa de Strauss"

Hoy dedicaré poco tiempo a la entradita diaria, más que nada porque la tengo escrita desde hace más de un mes. Se trata de un pequeño experimento sugerido (aunque no sé si se acordará) por Carlos: una exposición sobre el proceso que llevó a la escritura de "La sonrisa de Strauss", publicado en el número de septiembre de Axxón. Evidentemente, me dedicaré a desmenuzarlo, así que si no lo has leído, ya puedes ir haciéndolo aquí (si no, ocurrirán dos cosas: que te de lo destriparé, por lo que ya no podrás, hipotéticamente, disfrutarlo y, además, no entenderás nada de cuanto sigue).

¿Ya?

Bueno, yo prosigo.

Todo surgió a raíz de los requerimientos de Sergio Gaut vel Hartman para que le escribiera un cuento para Axxón. Vete tú a saber cómo le había entrado en la cabeza que tal texto podía valer la pena (pues no soy consciente de que hubiera leído previamente ningún relato mío; tal vez alguno de los viejos de Axxón, pero saben los cielos que entre ellos hay alguno que otro que, decididamente, no representa una elevada cumbre de la creación literaria). En fin, el hecho es que, habiéndome visto obligado a retirar un cuento por circunstancias que no vienen al caso especificar, me sentía en cierto modo en deuda.

La ocasión no parecía presentarse propicia, dado el escaso tiempo y, seamos sinceros, la vagancia crónica que arrastro. Tenía que surgir un destello de inspiración que hiciera atractiva su escritura. Dada mi vena puñetera, dicha inspiración llegó gracias a conversaciones de sobrebocata con mi muy estimado compañero de tertulia y asiduo colaborador de Axxón, JVO (utilizo las iniciales para que la familia de José Vicente no se sienta avergonzada por haber sido Ortuño el motivo último que ha propiciado la escritura de esta jerigonza).

En fin, centrémonos. El caso es que por aquel entonces le había sido transmitida la valoración casi unánime de uno de sus relatos, cuyo protagonista era un vampiro. La unanimidad radicaba en el curioso concepto de que el cuento mejoraría mucho si el protagonista dejara de ser un chupasangre (circunstancia que, por otra parte, dejole no poco perplejo). Tal aseveración venía acompañada de un breve párrafo donde el ínclito SGvH le exponía motivos varios para justificar su disgusto (casi más, hastío) respecto a tal criatura de ficción según viene siendo utilizada, desde hace más de dos siglos, en la literatura de terror.

La tentación era demasiado grande: ¡Escribiría una historia de vampiros para Axxón!

Una vez tomada la decisión, fue cuestión de unos días armar el esqueleto de una idea. La historia iría de un vampiro en el mundo actual que se dedica a la escritura de novelas históricas. En determinado punto se bloquearía y saldría a buscar inspiración, chupándola, literalmente, de una joven. En retrospectiva, creo que puedo trazar el origen de esta idea hasta un concepto abandonado hace algunos años al poco de iniciar su escritura (el resultado fue tan nefasto que abortó cualquier exploración ulterior de ese tema… hasta la fecha). Aquel relato giraba en torno a un cronista inmortal, que registraba todo cuanto ocurría a su alrededor, con la salvedad de que no sabía para qué e incluso era incapaz de recordar aquello de lo que había sido testigo. Este personaje era descubierto por un estudiante de historia y se supone que el cuento trataría sobre la memoria y el olvido. Como he apuntado antes, no cuajó.

Normalmente, preciso que la estructura del relato esté más definida antes de comenzar a escribir una sola línea. Después puede sufrir todas las variaciones que se tercien, pero debe haber al menos un esbozo mental bastante completo de la trama principal. No fue el caso, y se notó.

El cuento daba inicio con unas líneas de la novela en curso (en cursiva, aunque sin hacer mención de que se trata de una trascripción de aquello que escribe el vampiro, para tratar de engañar por unos instantes al lector sobre lo que va a leer). El estilo es muy distinto al resto del relato, mucho más recargado, con unas metáforas decididamente barrocas. No sé por qué elegí esa ambientación. Lo cierto es que entonces no había nada pensado acerca del vals, ni tampoco de Strauss; era simplemente un inicio como otro cualquiera. Situaba (con posterioridad) la vida del vampiro en al menos siglo y medio (bastante menos de lo que en un principio tenía previsto… sorpresas que procura la escritura).

Después había que cortar bruscamente al tiempo presente (y “real”), presentando a Víctor, el personaje principal, sin dar ninguna pista sobre su condición sobrenatural. Hasta aquí no había problema en seguir el guión previo. Llega un personaje misterioso, el escritor se bloquea y… bueno, pues paradójicamente me bloqueé.

Como ya he comentado, la estructura del relato no era suficientemente firme. Sin alguna pista acerca de por dónde iba a derivar la narración me veía imposibilitado a continuar. Al encontrar a la chica, ¿descubriría cuál es su papel en la historia y acabaría contándola al modo de cuento dentro del cuento? ¿Cómo se produciría dicho encuentro? ¿Cómo se comportarían ambos? En pocas palabras, tenía una idea plana y necesitaba profundidad.

Por fortuna, la Wikipedia vino en mi auxilio. Al no tener la más mínima idea de música, decidí echarle un vistazo a lo que tuviera que decirme sobre el vals (no mucho, la verdad, aquí me decepcionó) y de ahí fui pasando a los Strauss (Johann padre y Johann hijo) y otros compositores de la época (en las biografías la Wikipedia nunca falla). Allí había algo. Toda aquella información debía ser aprovechable. Había llegado el turno de dejarlo reposar todo un buen rato, a ver qué salía.

Esto ocupó cerca de un mes. Entendámonos, no fue un mes de profundas cavilaciones, estudio y desestimación de posibles enfoques. Se parece más a una fermentación lenta, aprovechando de tanto en tanto alguna neurona despistada que quedaba libre. Durante este tiempo la idea de emplear como subtrama la vida de Strauss fue cobrando fuerza. Finalmente, llegó un momento en que todo estaba preparado para eclosionar (ni idea de cómo lo intuí). Con un par de días por delante más o menos libres, volví a la Wikipedia y analicé con mucho mayor detenimiento los artículos antes citados, buscando aquella información que pudiera serme de utilidad.

Armado con estos conocimientos volví al relato y éste comenzó a fluir, siguiendo a partir de donde lo había dejado sin demasiado esfuerzo. El encuentro con la chica fue casi totalmente improvisado. Tenía en mente la escena de ellos dos bailando un vals en un callejón y aquello sólo era posible si, de algún modo, el vampiro imponía su voluntad a los simples mortales. Así pues, sin estridencias, se encuentra con ella y la domina, mientras que sus acompañantes pasan de largo sin pararse a considerar lo que estaba ocurriendo.

Sigue una descripción destinada a poner de relieve las diferencias externas entre esta chica y la protagonista de la novela, diferencias a las que el vampiro no presta atención, pues busca algo distinto. No estaba planeado el que la chica no dijera nada, simplemente, en ningún momento encontré palabras que fueran relevantes, quedaba mucho más misterioso el que nunca supiéramos nada más de ella que la ficción urdida por el vampiro (convirtiéndola así en mayor víctima incluso).

Tras llevarla a un lugar apartado llegó el momento de introducir el vals y a Strauss en la mezcla como trama secundaria. A partir de aquí, como siempre que la historia funciona, la narración empezó a tomar las riendas por sí misma, aprovechando los cabos sueltos (tanto los voluntarios como aquellos dejados inconscientemente) para ir urdiendo algo más complejo que la suma de las tramas.

Víctor pasó de estar en Viena en la época de Strauss a conocerlo personalmente, y de ahí a estar íntimamente ligado a él. Poco a poco afloró la idea del precio de la inmortalidad: desligarse del contacto humano, alienarse del resto de la humanidad. El bloqueo puntual se convirtió en un síntoma de la incapacidad del vampiro para empatizar con otras personas salvo en el momento de acabar con su existencia. Los datos biográficos, todavía presentes, disminuyeron su importancia (en su mayor parte están insinuados, ya que de ser un elemento principal se transformaron en un contexto para las relaciones vampiro/músico y vampiro/chica).

La pieza principal encajó con total suavidad durante la muerte de Strauss. El compositor se hizo inmortal con sus valses y el vampiro se ve obligado a robar la inmortalidad, como pedazos de humanidad, de aquellos que ya no son sus semejantes. En cierto sentido, recupera la idea sobre la memoria y el olvido, dejando la duda sobre si el precio merece la pena. El relato no emite juicios sobre lo acertado de las opciones escogidas, tan sólo las contrapone.

Los últimos párrafos están dedicados a borrar el posible sentimiento poético que pudiera quedar como una máscara sobre las acciones del vampiro, poniendo de manifiesto que ése es el camino que ha escogido libremente y que lo disfruta, al tiempo que deja bien claro que, por muy delicado que haya sido todo, lo que ha acontecido es un asesinato y un robo, de algo más importante que un simple bien material. Su camino hacia la inmortalidad consiste en convertirse en un parásito que bebe en existencias ajenas el impulso vital del que ya no disfruta.

Por último, había que decidir el título. Lo reconozco, soy el peor “titulador” posible. Sin embargo, en este caso, creo que me ha salido sorprendentemente bien. Hay muchas sonrisas en el cuento. La chica sonríe, Víctor sonríe, Isabel sonríe en su novela (y es esta sonrisa la que sale a buscar el vampiro) y, por supuesto, Strauss sonríe. Durante todo el texto me detengo de forma casi enfermiza en todas estas sonrisas. Sin darme cuenta estoy señalándolas como algo importante, como una especie de resumen del relato o unos hitos fundamentales del mismo. Sin embargo, por alguna razón, es la sonrisa de Strauss la más importante, es la que plantea el dilema (casi mejor, lo resuelve, al menos desde su punto de vista). Por si esto fuera poco, el nombre de Strauss evoca valses y Viena y un montón de connotaciones maravillosas.

Se trata de un título con pleno significado a posteriori, pero que no revela nada con antelación. Lo dicho, mi mejor título hasta la fecha (para variar).

5 Comments:

Blogger Sergio Gaut vel Hartman said...

Hola, tocayo.

Muy interesante esta autopsia de tu relato. Me gustaría que muchos otros escritores pudieran permitirse el lujo de volcar sus interioridades de este modo. ¿Puedo poner el enlace en el Taller 7? Ventilar el proceso creativo puede ser muy últil para los jóvenes escribas...

Un abrazo. Sergio GvH

4:53 p. m.  
Blogger Sergio Mars said...

Sí, claro, ningún problema (para eso está). Además, así hasta es posible que más gente se lea el cuento.

5:25 p. m.  
Blogger Jose Vicente said...

En mi caso al leer tu relato no me llevé ninguna sorpresa, pues ya sabía que el protagonista era un vampiro -¡esas malditas tertulias!-, pero como ya te dije, me gustó mucho. Comprendo que tus Egos se sientan orgullosos del relato, aunque para mí es tu mejor historia de tema no científico, tienes otras que me han gustado también mucho.
Tal como te dije, el único defecto que le encontré es que te pasaste un poco con la Wikipedia. Das demasiados datos sobre Strauss, cuando el lector –morboso él- lo que quiere es saber qué pasa entre el misterioso escritor y la punky.
Veo que tus Egos están en plena forma, me alegro mucho.

José Vicente Ortuño
http://vialibris.blogspot.com/
http://grodopimpon.blogspot.com/
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8:04 p. m.  
Blogger Sergio Mars said...

Lo del exceso de datos me resulta muy interesante, ya que también se me dice a veces del planteamiento científico de mis cuentos de ciencia ficción. El caso es que yo los entiendo como parte del relato, interesantes por sí mismos y como complemento. No sé si estaré equivocado e intento ir a contracorriente, pero es así como me sale (ahora). Sin ellos, ¿no quedaría un poco coja e insuficiente la historia? (te aseguro que me dejé muchas wikipediadas).
Hay que cuidar de los Egos, que si no se mustian.

8:28 p. m.  
Anonymous Jorgemán said...

He difrutado mucho con este artículo, me encanta cuando los escritores explican el proceso creativo por el que ha pasado una de sus obras.
Pero cuando te refieras a Ortuño, por favor, no uses sus siglas. ¡Porque yo tengo las mismas y alguien podría pensar que soy yo quien te da esas ideas nefastas!

8:51 p. m.  

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