Logosoma

El sufijo OMA se usa en biología para describir los diferentes niveles de estudio. El genoma, por ejemplo, sería el conjunto de todos los genes. Recientemente ha empezado a aplicarse a multitud de conjuntos: transcriptoma, interactoma, metaboloma, proteoma... y así hasta donde la imaginación alcance. ¿Por qué no aplicarlo también al mundo de las letras? Nace así el logosoma, el conjunto de todas las palabras, un nombre adecuadamente desmesurado y pedante; mi Ego no admitía menos.

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Lugar: Valencia, Spain

domingo, octubre 02, 2005

Primicia

Toda la semana va a ser muy mala. Si actualizo, lo más probable es que sea a base de fragmentos reutilizados. Para empezar, una primicia: un extracto de "La noche de los hobbits berserkers", un cuento de diez mil palabras que presenté a los premios Gandalf de este año (finalmente, una historia más ortodoxa fue la preferida). Aún no sé qué será de él, por lo pronto, aquí van unos cuantos párrafos:

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En el Poney Pisador las cosas se habían puesto muy feas. Lo único que evitaba por el momento que los hobbits forzaran su entrada en la posada era que en el estado en que se encontraban no se preocupaban por trazar planes, sino que se lanzaban simplemente al ataque, arremetiendo a golpes contra puertas, ventanas y paredes por igual. Dentro, los defensores habían tomado todas las medidas a su alcance para postergar su destino, ya que cada vez se antojaba más claro que no había escapatoria posible a la muerte. Cualquier objeto susceptible de ser arrastrado había sido utilizado para apuntalar la puerta y las contraventanas habían sido reforzadas con tablones clavados, toda vez que las barras de metal comenzaban a combarse por la presión del siempre en aumento número de medianos, que acudían de todos los rincones de la condenada Bree para tomar parte en el asalto.

Para complicar aún más la situación, una pavesa arrastrada por el viento había alcanzado finalmente el tejado de la posada, que había comenzado a arder, añadiendo el peligro, o tal vez la escapatoria, de morir abrasados.

—¡Resistid! —gritaba Noûan, sin que pudiera discernirse si conminaba a sus compañeros o si su mandato iba dirigido a los maderos de la puerta que apuntalaba con su hombro. A su lado, Mantecona contribuía con su nada despreciable humanidad a contrarrestar los intentos por derribarla.

Por su parte, Hansel se afanaba de ventana en ventana, aplicando el martillo cada vez que alguno de los refuerzos comenzaba a aflojarse. Su mujer le iba pasando nuevos tablones para reemplazar los que se iban quebrando, bien por los golpes desde el exterior, bien al introducir los clavos. Se trataba de unos clavos largos y gruesos; para terminar de hundirlos tenía que empuñar el martillo con ambas manos, pero valía la pena, pues estaba seguro de que así la punta asomaba por el otro lado, siquiera una fracción de pulgada. Aquello no impedía que siguieran lloviendo los golpes, pues los atacantes eran inmunes al dolor y al instinto de autoconservación, pero constituía una fuente de secreta y desesperada satisfacción.