Logosoma

El sufijo OMA se usa en biología para describir los diferentes niveles de estudio. El genoma, por ejemplo, sería el conjunto de todos los genes. Recientemente ha empezado a aplicarse a multitud de conjuntos: transcriptoma, interactoma, metaboloma, proteoma... y así hasta donde la imaginación alcance. ¿Por qué no aplicarlo también al mundo de las letras? Nace así el logosoma, el conjunto de todas las palabras, un nombre adecuadamente desmesurado y pedante; mi Ego no admitía menos.

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Lugar: Valencia, Spain

jueves, septiembre 15, 2005

¡Más históricas! ¡Es la guerra! (I)

Hala, hoy prontito, y parafraseando a mi casi homónimo Marx (sí, lo del título no tiene otro sentido, salvo quizás que el 90% de todas las novelas históricas tratan sobre hazañas bélicas, al menos en parte de su desarrollo).

En fin, que dije que a lo mejor ampliaba la lista y parece ser que sí que lo voy a hacer. Como toda lista, está sujeta a subjetividades varias, así como a la insoslayable cuestión de que nadie puede leerlo todo. Repasemos pues aquellas novelas de temática histórica que he leído y que podría recomendar.

Empecemos por el antiguo Egipto. De éstas he leído varias, ya que mi padre es bastante aficionado a ellas. El autor de referencia es Christian Jacq, aunque a mí, personalmente, acaba cansándome su empeño por ensalzar a los faraones (místicos y sabios más allá de toda medida humana) y a la sociedad egipcia. Su país de Khemi no tiene sombras, y las pocas que aparecen acaban barridas por el resplandor del poderoso padre Ra, protector de las tradiciones y jefe de una meritocracia que nada sabe de clasismo ni sexismo. De lo más realistas, vamos. Si aún hay interés por echarle un tiento, su mejor obra es la trilogía del "El juez de Egipto" (que se vende tanto en un solo tomo, como separada en "La pirámide asesinada", "La ley del desierto" y "La justicia del visir").

Sin dudarlo, me atrevería a señalar a "Sinuhé, el egipcio" como la novela de ambientación egipcia más interesante, pero como ésa ya está en la colección de El País (igual que "La dama del Nilo"), pues recomendaría "La tumba del Nilo", una novela de Bernard Simonay sobre los primeros años del faraón de la tercera dinastía Djoser, el que encargó la construcción de la primera pirámide escalonada a su gran visir Imhotep. Los hechos recogidos en la novela son mayormente inventados, ya que bien poco se conoce de aquellos lejanos tiempos (cinco mil años, casi nada), sin embargo, le da un puntito fantástico aventurero similar a la novela de Mika Waltari, lo que la hace muy amena. Esta novela tiene un par de continuaciones que aún no me he leído (aunque tenga por ahí la segunda entrega, "El arquitecto del Faraón").

Aún tengo que tropezarme con una novela buena sobre los antiguos griegos (no he leído muchas, así que es normal que no acaben de satisfacerme). Por ejemplo, con la trilogía de Valerio Massimo Manfredi sobre Alejandro Magno ("Alexandros"), me pasa lo mismo que con las novelas de Jacq, excesivamente hagiográfica (además, con un estilo demasiado seco). Le tengo echado el ojo a "Las puertas de fuego" de Steven Pressfield sobre la batalla de las Termópilas. El día menos pensado la pillo.

Aunque, por supuesto, y aunque no sea histórica, hay una novela sobre la antigua grecia que nadie debería perderse: "La Odisea". Basta con leerla para descubrir que desde Homero poco se ha innovado. Totalmente imprescindible (más interesante, a nivel de estructura, que "La Iliada"). Por poner sólo un ejemplo que ilustre su enorme alcance, por incluir, incluye hasta los primeros vampiros de la literatura.

Vayámonos a Roma. Aparte del ínclito Marco Didio Falco de Lindsey Davis, que ya aparece en la colección ésa del periódico, hay otro detective más renombrado (aunque más difícil de encontrar en las librerías): Gordiano el sabueso, de la serie Roma Sub Rosa de Steven Saylor. La verdad es que la única novela que he podido leer suya, "El brazo de la justicia", no me ha resultado especialmente reseñable, aunque no trata de ningún caso encargado por Cicerón (que al parecer dan lugar a los mejores libros). Me lo han recomendado lectores de muchas tablas, así que...

De entre lo que sí que me he leído, recomendaría sin dudarlo la monumental obra de Coleen McCullough sobre los últimos años (siglo y medio, no creáis) de la república romana. Los tres primeros títulos: "El primer hombre de Roma", "La corona de hierba" y "Favoritos de la fortuna" tratan principalmente de la lucha por el poder de Mario y Sila, mientras se va configurando el futuro imperio romano merced a campañas militares defensivas (contra invasiones del norte) y ofensivas (principalmente en guerras africanas). Las tres siguientes: "Las mujeres de César", "César", "El caballo de César" tratan sobre el ascenso al poder de esta figura histórica (a la que, por cierto, la autora idolatra en exceso), con sus campañas militares, la formación de los triunviratos, sus mujeres... acabando supongo con su asesinato (aún no me he leído el último).

Cabría resaltar la exhaustividad de toda la obra. Cada uno de los seis volúmenes cuenta con más de ochocientas páginas y tratan múltiples personajes. En realidad, podrían leerse seguidos sin que se apreciara salto alguno, ya que si bien cada una de ellas cierra más o menos los arcos argumentales abiertos, lo cierto es que se trata en realidad de una macronovela de unas cinco mil páginas. Por lo que he leído por ahí, es esencialmente fiel a los hechos e históricamente correcta. Sólo se le achaca la visión sesgada de determinados personajes (César es muy bueno, y Cicerón, como se le opone, muy malo), aunque todos ellos están suficientemente trabajados como para permitir que se acepte esta interpretación dentro de la estructura construida y no resulten meros maniquíes. En resumidas cuentas, muy recomendable (además, ya está completa en "bolsillo").

Como siempre, he acabado escribiendo mucho más de lo que pretendía, así que lo dejo por ahora. Los siglos siguientes en una futura e hipotética entrega de: ¡Más históricas! ¡Es la guerra!

3 Comments:

Anonymous felicidad said...

Hay algo que siempre me resultó curioso. Cuando se dicen cosas como "fue el primero que escribió sobre Bla", "fue el padre de la literatura Blabla", "inventó un concepto nuevo de..." etc., etc., etc.

Por supuesto, obviamente, es a ellos a los que hay que aplaudir por ser los primeros en escribirlo. Pero ¿realmente hay algo que fuera genuino?

Creo que la mayoría de historias son más viejas que la tos, trasmitidas de boca en boca y algún listo que las plasma en papel.

Que ¿ya había vampiros en la época de Homero? Claro. Que ¿Lovecraf habló de los Primigenios? Por supuesto. Tolkien ¿un mundo plagado de magos y hechiceros, castillos, reyes y princesas, elfos y enanos, huestes demoníacas? Of course. Que en Matrix -disculpa que lo pongo aquí- ¿pudo verse un nuevo concepto de realidad alternativa? Ya, ¿y? Me explico, todo eso estaba ahí. En nuestros miedos, en nuestros anhelos, en nuestra frustración... Sólo que alguien lo plasmó en papel adelantándose a cualquier otro que probablemente quisiera escribir sobre lo mismo. Y, aunque llegue a escribirlo, el otro será un segundón. Más de lo mismo.

Puede que sólo sea mi rallada de las 09:21 am del viernes estando sólo una hora en el trabajo y muriéndome de ganas porque sean ya las 06:30 pm; que este comentario no tenga nada que ver con lo que has dicho en el post, pero lo he leído y he tenido la necesidad imperiosa de escribirlo. Ale, ya podéis tirarme piedras y abuchearme.

Besotes

PD: Como dijo mi profesor de filosofía una vez "¿no os habéis dado cuenta que desde los griegos no se ha aportado una idea genuina y que siempre es más de lo mismo?"

9:27 a. m.  
Blogger Sergio Mars said...

Hola, Felicidad:

Ah, pero una historia plasmada en papel requiere de toda una serie de técnicas narrativas distintas de aquéllas que son válidas para la transmisión oral. Así que, al menos, los primeros en escribir sobre algo están realmente abriendo nuevos caminos.

Tampoco estoy de acuerdo con tu profesor de filosofía. Hay cientos, miles de ideas nuevas, millones... Las ideas surgen de integrar y procesar el conocimiento del mundo que nos rodea, así como de integrar y procesar las ideas de otros seres humanos. Tal y como va aumentando el pool de conocimientos y de ideas, forzosamente tienen que surgir pensamientos originales.

¿Qué me dices del concepto de la relatividad? No sólo aplicado a la física. Cuando surge algo nuevo el cerebro humano no puede sino aplicarlo a los más inverosímiles contextos... y a veces hasta tiene sentido.

Puede que algún oscuro filósofo griego haya especulado con alguna idea remotamente parecida a la relatividad einsteniana. Vale, pero se trata sólo de un posible ejemplo, además las implicaciones de esta teoría son mucho más profundas y significativas de lo que se suele conocer en un vistazo rápido.

Lo que es aplicable a la física (que en el fondo es el conocimiento del mundo que nos rodea) también puede aplicarse a cualquier otro campo, como la literatura. Las ideas nuevas tienen que aparecer, especialmente con tanto escritor dándole al teclado (otra cosa es que se reconozcan).

También es cierto eso que se dice (he buscado la autoría exacta en internet, pero me he tropezado con al menos cuatro supuestos autores antes de dejarlo por imposible) de que "somos enanos subidos a hombros de gigantes". Y por "gigantes" no hay que entender necesariamente a una sola persona, sino tal vez a todo el saber acumulado.

Otro ejemplo más cercano a mi persona. Te aseguro que cuando encontremos el primer ser vivo no terrestre, nuestras posibilidades de conocimiento darán tal salto que las ideas nuevas casi perderán su novedad (y perdón por este juego de palabras tan tonto).

Hasta luego.

1:34 p. m.  
Anonymous Felicidad said...

Vaya, ya es lunes para mí... Buaaaaa, snif, snif.

Veamos. Obviamente estoy de acuerdo contigo, sólo que hay veces que me gusta retorcer las cosas. Y hoy como estoy en la fase "maldita sea hoy es lunes", voy a rallarme aún más.

Pensemos en la siguiente posibilidad: ¿Y si las ideas ya existieran? ¿Si estuvieran allí y sólo algunos son capaces de dilucidarlas?

Heinlein planteó en El Número de la Bestia infinidad de dimensiones (a la par que universos si se me permite llamarlo así) en las que podías encontrar liliputienses sólo porque había habido tanta gente que había soñado, pensado imaginado ese mundo que éste se "creaba" realmente. Obviamente a mí me pareció una idea maravillosa. El pensar que los universos, los mundos que yo me había imaginado, tal vez un día existieran verdaderamente.

Pero planteemos el contrario. ¿Y si no fuera que nosotros los creamos? ¿Y si sencillamente accediéramos de alguna manera a ello? Ya sé que suena ridículo, pero ¿por qué? ¿Sería tan increíble pensar que las ideas no son nuevas, que ya estaban allí, al alcance de todos?

Bueno, tal vez sea mejor que lo deje. Es la rallada del lunes, primer día de la semana en el curro. Aunque, eso sí, no negaré que lleva esta idea rondándome por la cabeza demasiado tiempo, pero es difícil explicar en unas líneas lo que pretendo decir.

Ale. No me hagas caso, pero ya que he tardado en escribir esto, te dejo el comentario igual ;P

Besotes

9:56 a. m.  

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