Logosoma

El sufijo OMA se usa en biología para describir los diferentes niveles de estudio. El genoma, por ejemplo, sería el conjunto de todos los genes. Recientemente ha empezado a aplicarse a multitud de conjuntos: transcriptoma, interactoma, metaboloma, proteoma... y así hasta donde la imaginación alcance. ¿Por qué no aplicarlo también al mundo de las letras? Nace así el logosoma, el conjunto de todas las palabras, un nombre adecuadamente desmesurado y pedante; mi Ego no admitía menos.

Nombre:
Lugar: Valencia, Spain

lunes, septiembre 12, 2005

Avería

—¡Eres un auténtico inútil! —exclamó por enésima vez la airada esposa—. Me conozco la región como si hubiera nacido allí... ¡JA!

Se dio la vuelta bruscamente y golpeó una piedra, que bajó dando tumbos por una pendiente, arrastrando otras más pequeñas y levantando una polvareda. El imprecado, por su parte, seguía hurgando desesperado en el vehículo, sin hacer demasiado caso a las maldiciones. Tras tanto tiempo juntos ya ni las escuchaba, como si fueran ruido de fondo. Su media naranja también estaba acostumbrada a ser ignorada lo cual, igualmente, le importaba un pimiento.

—¡Mira dónde hemos ido a parar! No había estado en un lugar tan atrasado desde que fuimos a visitar a tus padres. Y ese maldito sol...

Era el momento de dejar caer algún comentario. Detalles como ése eran los que habían mantenido su relación firme a lo largo de los altibajos de la convivencia.

—¿No tendrías que estar vigilando a nuestro hijo? Sólo por hacer algo útil —sugirió el mecánico eventual, que ya había pasado de la fase de aflojar y apretar todas las piezas que se dejaran, a la de golpear, siguiendo un método estrictamente aleatorio, aquí y allá, con la esperanza de que lo que quiera que se hubiese soltado captara la indirecta y volviera a su sitio.

—Nuestro hijo está perfectamente bien. Está ahí cerca, dibujando en el suelo. Esa tendencia a perder el tiempo en bobadas debe haberla heredado de tu parte de la familia.

El marido emitió un ruido despectivo y arremetió contra el motor con renovado ímpetu. Levantó una herramienta, cuyo objetivo original no podía ser más distinto del uso que pensaba darle y, justo antes de descargarla con furia y consecuencias impredecibles, localizó el origen de la avería. Notando como le embargaba la vergüenza ocultó con su cuerpo lo que estaba haciendo y dijo:

—Ya lo tengo. Ve a por nuestro pequeño artista.

En cuanto estuvo seguro de no ser observado procedió a invertir una palanquita de la toma de corriente. Simuló a continuación una serie de manejos más complicados, para mantener las apariencias, y se irguió con una expresión satisfecha. Expresión que se borró al instante al contemplar a su esposa y percibir que, de algún modo, ésta había adivinado perfectamente lo que había pasado.

Buscó desesperadamente algún tema de conversación que le permitiera salir bien librado del asunto mas sólo se le ocurrió preguntar:

—¿Eran interesantes los dibujos? ¿Qué representaban?

—¡Bah! Lo de siempre, bichos. En cuanto ve un animal, por muy primitivo que sea, le da por dibujarlo —fue la respuesta. Acompañada, eso sí, por una mirada que parecía decir: “Que te crees tú que vas a escapar tan fácilmente”.

Sin perder un instante más se acomodaron los tres en sus asientos y partieron con un satisfactorio rugido.

Muy pronto aquel insignificante montón de roca y polvo se perdió de vista.


Es una pena que el pobre esposo nunca llegara a enterarse de la cola que traerían los tontos dibujitos de su hijo. Probablemente eso le hubiera dado el tema que necesitaba para escapar de la machacona diatriba con que le regaló su cónyuge durante un par de centenares de años luz. Pero esto no es más que pura especulación, ya que Xsfoeuyeflkehsslhey jamás, en toda su larga vida, alcanzaría a oír una sola palabra sobre las famosas líneas de Nazca.

1 Comments:

Anonymous felicidad said...

Joder! Qué pedazo de bichos, no? Seguro que con su tubo de escape fueron los responsables reales de la edad de hielo.

;PPPPPPPPPPP

9:29 a. m.  

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