Reivindicando "Inteligencia Artificial"
En fin, vayamos con la reivindicación:
Pocas películas han sido tan universalmente infravaloradas como "IA", la mejor película de Spielberg de los últimos diez años y una de las mejores películas de ciencia ficción jamás rodadas. Esta opinión no cuenta con demasiados valedores, así que ha llegado el momento de una reivindicación. No sé si podré convenceros o no de la verdad de esta aseveración, pero tengo que intentarlo.
Aviso: En mi alegato posiblemente diseccione la película, así que no es recomendable leer esta entrada sin haberla visto previamente. Bueno, vamos allá.
Steven Spielberg había realizado otras incursiones dentro del género de la ciencia ficción. Obras de todos conocidas, tales como "Encuentros en la tercera fase" (1977), "E.T" (1982) o "Parque Jurásico" (1993) (olvidémonos de que dirigió una secuela). De todas ellas, sólo "Parque Jurásico" es lejanamente comparable a "Inteligencia Artificial" en su concepto de la ciencia ficción. Dicha película, basada en una novela de Michael Crichton, también es desdeñada por los aficionados (no así por el público), sin caer en la cuenta de su elaboradísimo trasfondo y su reflexión acerca de la tecnología y su uso por parte del hombre (trasciende en todos los niveles el simplón "complejo de Frankenstein" y el básico conocimiento sobre la teoría del caos en que se fundamente la novela). Bueno, que me enrollo y ahora toca hablar de otra película.
No sé por qué, los aficionados a la ciencia ficción se han negado a ver ninguna profundidad en ella. Al parecer, una película de cifi, para ser digna de defensa, debe ser incomprensible o poco menos (como "2001" o "Blade runner", sin querer restarles méritos), y ya no digamos si además resulta popular entre las masas... "Inteligencia Artificial", a mi entender, ha sido víctima de un prejuicio similar: Spielberg+niño=peli sensiblona+final feliz traído por los pelos. Nada más lejos de la realidad; E.T. tuvo su momento de gloria hace más de veinte años.
Antes mencionaba "Blade Runner", esa excelente obra de Ridley Scott (antes de que iniciara su declive), precursora del movimiento cyberpunk (en su estética) y una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia. Pues bien, "Inteligencia Artificial" profundiza muchísimo más en lo que significa ser humano, un tema clásico, con una visión extremadamente interesante sobre el futuro de la raza humana y de su "descendencia" (un discurso muy asimoviano) .
¿Qué es "Inteligencia Artificial"? La plasmación en imágenes de un momento crucial en la evolución de la vida (tomada ésta en un sentido amplio que expondré más adelante). El surgimiento de algo nuevo que reemplazará (o mejor, dará el relevo) a la humanidad. Pero mejor vamos poco a poco.
La película nos narra en sus dos primeras secciones los porqués y los cómos de un avance cualitativo en el campo de la inteligencia artificial, dedicando el tercer segmento a exponer las consecuencias (que no tienen nada que ver con el propósito inicial). Por ello resulta en mi opinión ridículo defender que cualquiera de ellos sobra, especialmente por el hábil modo en que están entrelazados.
Tenemos al profesor Hobby, magnate (y genio) de la robótica, dispuesto a ofrecer un robot capaz de brindar amor a un mundo en decadencia, a los Swinton, una joven pareja traumatizada por la pérdida de un hijo, y por último al propio David, una máquina programada para experimentar la más humana de las sensaciones. Superficialmente, puede entenderse la historia como: inventor excéntrico crea robot bueno; familia de acogida lo acepta hasta que el niño "de verdad" despierta; robot bueno y abandonado se busca la vida para llenar el vacío que está programado para sentir; se descubre que las razones del inventor no eran tan desinteresadas; final innecesariamente largo y rocamboléscamente manipulativo... feliz, por supuesto.
Para eso sobraba con el microcuento de Aldiss, que en realidad se ocupa sólo de la parte de la familia... y poco (más que una adaptación IA es la cristalización de una serie de reflexiones suscitadas por el texto).
A partir de ahora es donde empiezo de verdad a destripar la película, así que ya sabéis...
He aquí otra posible interpretación:
El profesor Hobby se enfrenta al vacío generado por la pérdida de un hijo diseñando un "sustituto" (no de forma consciente; siente un vacío e inventa el modo de llenarlo). Sin embargo, para probar su idoneidad escoge otra familia deshecha y se reserva el papel de observador. Pese a las reticencias iniciales, la madre acaba aceptando al robot, David, como a un hijo (su marido es un elemento sin trascendencia ya que nunca ve la situación como más que una posibilidad de promoción; el verdadero padre es Hobby). Sin embargo, cuando el niño "de verdad" despierta y se producen los típicos roces (por celos), queda de manifiesto que no son capaces de aceptar a David como a otro hijo, siempre será una máquina, así deciden devolverlo a la empresa. Desgraciadamente, ya ha sido improntado (condicionado para amar a Monica, la madre, y ser amado por ella), por lo que su único destino es el desgüace. La mujer se siente lo suficientemente unida a él como para negarse a este destino, decidiendo en su lugar abandonarlo en el bosque.
David, cuyo único objetivo en la vida es amar a Monica, se encuentra perdido e inicia la búsqueda de su madre, sin importarle lo dificultosa que pueda ser esta empresa.
Por el camino se encuentra con Gigolo Joe, un robot fugitivo diseñado para proporcionar placer sexual (amor físico). Joe, por entendernos, pertenece a la generación anterior de robots. Es capaz de proporcionar un simulacro de amor, pero no lo necesita. No es capaz de trascender su programación original. No es, por tanto, humano. David, por el contrario, tras la impronta, ha avanzado a otro nivel. La experiencia de dar y recibir amor le ha hecho perceptivo a toda una serie de emociones y capacidades puramente humanas, entre ellas la de creer en lo ilógico y luchar porque se materialice.
Gigolo Joe y David sufren toda una serie de penalidades hasta que el niño se encuentra cara a cara con su creador. Derivadas básicamente del rechazo por parte de los hombres (el fragmento de la Feria de la Carne es el menos logrado, posiblemente Kubrik lo hubiera acertado más... aunque el bueno de Stanley no hubiera podido dotar al resto de la película del sentimiento que requiere). Un rechazo instintivo basado en el miedo ante lo nuevo (el miedo a ser reemplazados). También el profesor Hobby se echa al final atrás, negándose a aceptarlo como a nada más que una máquina (exitosa, eso sí, pero sólo una máquina). Este golpe conduce a David a un suicidio simbólico, seguido de un renacer bastante literal. Aunque para comprender la significatividad del tercer acto, conviene retroceder un poco y poner de manifiesto los principales pasos del proceso de humanización del robot (es decir, seguir la senda de Pinocho).
Al parecer, lo que más le repelía a Aldiss de todo el asunto de la "adaptación" era la fijación de Spielberg/Kubrick con Pinocho. Sin embargo, la película no tendría sentido sin el paralelismo que se establece con dicho cuento. Desde el momento en que lo escucha, el objetivo de David es convertirse en un niño de verdad. Todo lo que sigue es un proceso de humanización; no material (a lo Andrew Martin de "El hombre bicentenario", el relato por supuesto), sino espiritual (a falta de un término mejor). La capacidad de David de perseguir un sueño lo diferencia de todos los robots que existieron antes que él; es la puerta abierta no sólo a los sentimientos, sino también a la imaginación, la creatividad... en una palabra, la humanidad.
Bueno, no exactamente, porque al igual que David representa un paso adelante respecto a todos los robots anteriores y los convierte en obsoletos (Gigolo Joe exclama cuando lo capturan: "Recuerda que yo soy. Yo fui"), también supone un paso adelante respecto al hombre, ya que por diseño ha obtenido sus mejores virtudes, pero libre de sus peores defectos. La incondicionalidad de su amor lo convierte desde un punto de vista ético en superior a todos los humanos con los que interactua e igualmente, su capacidad de creer (con todo lo que ello conlleva respecto a potencialidad) es superior (estremecedora la secuencia en que pide una y otra vez, sin perder jamás un ápice de esperanza, que el hada azul lo haga humano).
Llegamos pues al tercer y último acto. La Tierra es un mundo glacial. Los hombres y todas sus obras no son más que recuerdos imprecisos. Sólo sobrevive una generación avanzadísima de robots, los "descendientes" del proyecto David. Mas no consituyen únicamente la descendencia de los androides primitivos, sino que son también los hijos del hombre, el legado de la humanidad, nuestro modo de decir "recuerda que una vez fui".
Eso es precisamente lo que ansían: recordar. Sus preguntas son parecidas a las nuestras: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? Esa curiosidad, esas inquietudes, nacieron el día que Monica plantó su impronta de amor en David (el término no está escogido al azar, lo popularizó el premio nobel Konrad Lorenz refiriéndose al modo en que los animales recién nacidos "memorizan" a sus padres). El descubrimiento de David congelado les permite encontrar una respuesta, aunque sea parcial. Para los seres humanos, es un destino agridulce. Todo ser vivo está condenado a morir y desaparecer, pero al menos parte de nosotros permanecerá en estos hijos (aquí podemos entroncar con obras como "El fin de la infancia" de Clarke o "Más que humano" de Sturgeon, aunque llevadas un paso más lejos).
En cuanto a David... bueno, David es el protagonista, y al final obtiene su recompensa, tan criticado final feliz. Pero, ¿realmente es tan feliz? O, mejor expresado, ¿realmente es eso lo que importa?
No, lo significativo es que David completa su viaje. Su voluntad se impone al temor de Monica, al rechazo de su creador y al fin mismo del mundo que conoció. Su capacidad de creer sin límites y esforzarse también sin límites por hacer realidad sus sueños obtiene al final su recompensa. Cierto, podría haber quedado más "realista" de no hacerlo, pero no hay que olvidar que toda la historia es un cuento. Los cuentos no son realistas. Simbólicos, arquetípicos, didácticos sí, pero no realistas. La humanidad y su descendencia han completado su ciclo, los grandes temas ya han sido abordados, es hora de ofrecer una insignificante (e inconsecuente) satisfacción al héroe de la historia (que no lo es tal en sentido estricto, sino más bien un precursor, un paradigma).
David lleva a su culminación no uno, sino dos cuentos separados. Por una parte, su identificación como Pinocho, encontrando el hada azul (y humanizándose en el proceso), por otro, el engaño de su "hermano" envidioso, que le augura que si corta un mechón del pelo de Monica conquistará su amor. Al final, una Monica recreada a partir del mechón, libre de las preocupaciones y los prejuicios que le impidieron amar sin reservas a un hijo robot, pudo concederle lo que más ansiaba, pudo llenar por fin su vacío. A partir de entonces, ya nada importa, su existencia ha alcanzado la culminación, el cuento ha concluido y no hay perdices por siempre jamás, porque ya no resta nada por obtener.
No quiero concluir esta larguísima entrada sin hacer referencia aunque sólo sea a uno de los aspectos técnicos de la película (todos ellos sobresalientes, examinad la edición especial en DVD para disfrutar aún más con ellos), la banda sonora de John Williams. Se trata de una de las composiciones más poderosas que jamás he escuchado, especialmente en combinación con las imágenes. Perdió el Oscar. Por mucho aprecio que le tenga a la banda sonora de "La comunidad el anillo" mi opinión es que no es superior. Shore no pilló el puntito de integración de una gran orquesta en la acción hasta la siguiente película, e "Inteligencia Artificial" es una composición maestra en todos los niveles.


Con un presupuesto de cuarenta millones de dólares, "La novia cadáver" es una producción relativamente barata. Ha recaudado menos de los esperado, se quedará en torno a los 55 millones, pero será un bombazo en DVD, así que a la postre, recuperará con creces la inversión, asegurando al menos un nuevo proyecto (a ver si Burton muestra que su inventiva no se limita sólo a lo macabro y estrambótico).
Por cierto, mencionando "Evasión en la granja" no puedo sino recomendar su magnífica (y divertidísima) banda sonora, obra de John Powell y Harry Gregson-Williams. Tampoco puedo dejar de hacerme eco de una triste noticia: un incendio destruyó hace poco todos los escenarios y todos los modelos que Aardman Animatios guardaba de esta película