Logosoma

El sufijo OMA se usa en biología para describir los diferentes niveles de estudio. El genoma, por ejemplo, sería el conjunto de todos los genes. Recientemente ha empezado a aplicarse a multitud de conjuntos: transcriptoma, interactoma, metaboloma, proteoma... y así hasta donde la imaginación alcance. ¿Por qué no aplicarlo también al mundo de las letras? Nace así el logosoma, el conjunto de todas las palabras, un nombre adecuadamente desmesurado y pedante; mi Ego no admitía menos.

Nombre:
Lugar: Valencia, Spain

lunes, enero 16, 2006

Reivindicando "Inteligencia Artificial"

Esta entrada llevaba durmiendo como borrador el sueño de los injustos desde hace semanas, desde que se interrumpió la cadencia de publicaciones en el blog. Resulta que poner un contador y ver que siete despistados por día se cuelan en Logosoma me ha impulsado a completarla, aunque me haya costado varios días. ¡Vaya! Si al final acabaré inclinándome servilmente hacia los gustos de un público virtual (en todos los sentidos).

En fin, vayamos con la reivindicación:

Pocas películas han sido tan universalmente infravaloradas como "IA", la mejor película de Spielberg de los últimos diez años y una de las mejores películas de ciencia ficción jamás rodadas. Esta opinión no cuenta con demasiados valedores, así que ha llegado el momento de una reivindicación. No sé si podré convenceros o no de la verdad de esta aseveración, pero tengo que intentarlo.

Aviso: En mi alegato posiblemente diseccione la película, así que no es recomendable leer esta entrada sin haberla visto previamente. Bueno, vamos allá.

Steven Spielberg había realizado otras incursiones dentro del género de la ciencia ficción. Obras de todos conocidas, tales como "Encuentros en la tercera fase" (1977), "E.T" (1982) o "Parque Jurásico" (1993) (olvidémonos de que dirigió una secuela). De todas ellas, sólo "Parque Jurásico" es lejanamente comparable a "Inteligencia Artificial" en su concepto de la ciencia ficción. Dicha película, basada en una novela de Michael Crichton, también es desdeñada por los aficionados (no así por el público), sin caer en la cuenta de su elaboradísimo trasfondo y su reflexión acerca de la tecnología y su uso por parte del hombre (trasciende en todos los niveles el simplón "complejo de Frankenstein" y el básico conocimiento sobre la teoría del caos en que se fundamente la novela). Bueno, que me enrollo y ahora toca hablar de otra película.

No sé por qué, los aficionados a la ciencia ficción se han negado a ver ninguna profundidad en ella. Al parecer, una película de cifi, para ser digna de defensa, debe ser incomprensible o poco menos (como "2001" o "Blade runner", sin querer restarles méritos), y ya no digamos si además resulta popular entre las masas... "Inteligencia Artificial", a mi entender, ha sido víctima de un prejuicio similar: Spielberg+niño=peli sensiblona+final feliz traído por los pelos. Nada más lejos de la realidad; E.T. tuvo su momento de gloria hace más de veinte años.

Antes mencionaba "Blade Runner", esa excelente obra de Ridley Scott (antes de que iniciara su declive), precursora del movimiento cyberpunk (en su estética) y una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia. Pues bien, "Inteligencia Artificial" profundiza muchísimo más en lo que significa ser humano, un tema clásico, con una visión extremadamente interesante sobre el futuro de la raza humana y de su "descendencia" (un discurso muy asimoviano) .

¿Qué es "Inteligencia Artificial"? La plasmación en imágenes de un momento crucial en la evolución de la vida (tomada ésta en un sentido amplio que expondré más adelante). El surgimiento de algo nuevo que reemplazará (o mejor, dará el relevo) a la humanidad. Pero mejor vamos poco a poco.

La película nos narra en sus dos primeras secciones los porqués y los cómos de un avance cualitativo en el campo de la inteligencia artificial, dedicando el tercer segmento a exponer las consecuencias (que no tienen nada que ver con el propósito inicial). Por ello resulta en mi opinión ridículo defender que cualquiera de ellos sobra, especialmente por el hábil modo en que están entrelazados.

Tenemos al profesor Hobby, magnate (y genio) de la robótica, dispuesto a ofrecer un robot capaz de brindar amor a un mundo en decadencia, a los Swinton, una joven pareja traumatizada por la pérdida de un hijo, y por último al propio David, una máquina programada para experimentar la más humana de las sensaciones. Superficialmente, puede entenderse la historia como: inventor excéntrico crea robot bueno; familia de acogida lo acepta hasta que el niño "de verdad" despierta; robot bueno y abandonado se busca la vida para llenar el vacío que está programado para sentir; se descubre que las razones del inventor no eran tan desinteresadas; final innecesariamente largo y rocamboléscamente manipulativo... feliz, por supuesto.

Para eso sobraba con el microcuento de Aldiss, que en realidad se ocupa sólo de la parte de la familia... y poco (más que una adaptación IA es la cristalización de una serie de reflexiones suscitadas por el texto).

A partir de ahora es donde empiezo de verdad a destripar la película, así que ya sabéis...

He aquí otra posible interpretación:

El profesor Hobby se enfrenta al vacío generado por la pérdida de un hijo diseñando un "sustituto" (no de forma consciente; siente un vacío e inventa el modo de llenarlo). Sin embargo, para probar su idoneidad escoge otra familia deshecha y se reserva el papel de observador. Pese a las reticencias iniciales, la madre acaba aceptando al robot, David, como a un hijo (su marido es un elemento sin trascendencia ya que nunca ve la situación como más que una posibilidad de promoción; el verdadero padre es Hobby). Sin embargo, cuando el niño "de verdad" despierta y se producen los típicos roces (por celos), queda de manifiesto que no son capaces de aceptar a David como a otro hijo, siempre será una máquina, así deciden devolverlo a la empresa. Desgraciadamente, ya ha sido improntado (condicionado para amar a Monica, la madre, y ser amado por ella), por lo que su único destino es el desgüace. La mujer se siente lo suficientemente unida a él como para negarse a este destino, decidiendo en su lugar abandonarlo en el bosque.

David, cuyo único objetivo en la vida es amar a Monica, se encuentra perdido e inicia la búsqueda de su madre, sin importarle lo dificultosa que pueda ser esta empresa.

Por el camino se encuentra con Gigolo Joe, un robot fugitivo diseñado para proporcionar placer sexual (amor físico). Joe, por entendernos, pertenece a la generación anterior de robots. Es capaz de proporcionar un simulacro de amor, pero no lo necesita. No es capaz de trascender su programación original. No es, por tanto, humano. David, por el contrario, tras la impronta, ha avanzado a otro nivel. La experiencia de dar y recibir amor le ha hecho perceptivo a toda una serie de emociones y capacidades puramente humanas, entre ellas la de creer en lo ilógico y luchar porque se materialice.

Gigolo Joe y David sufren toda una serie de penalidades hasta que el niño se encuentra cara a cara con su creador. Derivadas básicamente del rechazo por parte de los hombres (el fragmento de la Feria de la Carne es el menos logrado, posiblemente Kubrik lo hubiera acertado más... aunque el bueno de Stanley no hubiera podido dotar al resto de la película del sentimiento que requiere). Un rechazo instintivo basado en el miedo ante lo nuevo (el miedo a ser reemplazados). También el profesor Hobby se echa al final atrás, negándose a aceptarlo como a nada más que una máquina (exitosa, eso sí, pero sólo una máquina). Este golpe conduce a David a un suicidio simbólico, seguido de un renacer bastante literal. Aunque para comprender la significatividad del tercer acto, conviene retroceder un poco y poner de manifiesto los principales pasos del proceso de humanización del robot (es decir, seguir la senda de Pinocho).

Al parecer, lo que más le repelía a Aldiss de todo el asunto de la "adaptación" era la fijación de Spielberg/Kubrick con Pinocho. Sin embargo, la película no tendría sentido sin el paralelismo que se establece con dicho cuento. Desde el momento en que lo escucha, el objetivo de David es convertirse en un niño de verdad. Todo lo que sigue es un proceso de humanización; no material (a lo Andrew Martin de "El hombre bicentenario", el relato por supuesto), sino espiritual (a falta de un término mejor). La capacidad de David de perseguir un sueño lo diferencia de todos los robots que existieron antes que él; es la puerta abierta no sólo a los sentimientos, sino también a la imaginación, la creatividad... en una palabra, la humanidad.

Bueno, no exactamente, porque al igual que David representa un paso adelante respecto a todos los robots anteriores y los convierte en obsoletos (Gigolo Joe exclama cuando lo capturan: "Recuerda que yo soy. Yo fui"), también supone un paso adelante respecto al hombre, ya que por diseño ha obtenido sus mejores virtudes, pero libre de sus peores defectos. La incondicionalidad de su amor lo convierte desde un punto de vista ético en superior a todos los humanos con los que interactua e igualmente, su capacidad de creer (con todo lo que ello conlleva respecto a potencialidad) es superior (estremecedora la secuencia en que pide una y otra vez, sin perder jamás un ápice de esperanza, que el hada azul lo haga humano).

Llegamos pues al tercer y último acto. La Tierra es un mundo glacial. Los hombres y todas sus obras no son más que recuerdos imprecisos. Sólo sobrevive una generación avanzadísima de robots, los "descendientes" del proyecto David. Mas no consituyen únicamente la descendencia de los androides primitivos, sino que son también los hijos del hombre, el legado de la humanidad, nuestro modo de decir "recuerda que una vez fui".

Eso es precisamente lo que ansían: recordar. Sus preguntas son parecidas a las nuestras: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? Esa curiosidad, esas inquietudes, nacieron el día que Monica plantó su impronta de amor en David (el término no está escogido al azar, lo popularizó el premio nobel Konrad Lorenz refiriéndose al modo en que los animales recién nacidos "memorizan" a sus padres). El descubrimiento de David congelado les permite encontrar una respuesta, aunque sea parcial. Para los seres humanos, es un destino agridulce. Todo ser vivo está condenado a morir y desaparecer, pero al menos parte de nosotros permanecerá en estos hijos (aquí podemos entroncar con obras como "El fin de la infancia" de Clarke o "Más que humano" de Sturgeon, aunque llevadas un paso más lejos).

En cuanto a David... bueno, David es el protagonista, y al final obtiene su recompensa, tan criticado final feliz. Pero, ¿realmente es tan feliz? O, mejor expresado, ¿realmente es eso lo que importa?

No, lo significativo es que David completa su viaje. Su voluntad se impone al temor de Monica, al rechazo de su creador y al fin mismo del mundo que conoció. Su capacidad de creer sin límites y esforzarse también sin límites por hacer realidad sus sueños obtiene al final su recompensa. Cierto, podría haber quedado más "realista" de no hacerlo, pero no hay que olvidar que toda la historia es un cuento. Los cuentos no son realistas. Simbólicos, arquetípicos, didácticos sí, pero no realistas. La humanidad y su descendencia han completado su ciclo, los grandes temas ya han sido abordados, es hora de ofrecer una insignificante (e inconsecuente) satisfacción al héroe de la historia (que no lo es tal en sentido estricto, sino más bien un precursor, un paradigma).

David lleva a su culminación no uno, sino dos cuentos separados. Por una parte, su identificación como Pinocho, encontrando el hada azul (y humanizándose en el proceso), por otro, el engaño de su "hermano" envidioso, que le augura que si corta un mechón del pelo de Monica conquistará su amor. Al final, una Monica recreada a partir del mechón, libre de las preocupaciones y los prejuicios que le impidieron amar sin reservas a un hijo robot, pudo concederle lo que más ansiaba, pudo llenar por fin su vacío. A partir de entonces, ya nada importa, su existencia ha alcanzado la culminación, el cuento ha concluido y no hay perdices por siempre jamás, porque ya no resta nada por obtener.

No quiero concluir esta larguísima entrada sin hacer referencia aunque sólo sea a uno de los aspectos técnicos de la película (todos ellos sobresalientes, examinad la edición especial en DVD para disfrutar aún más con ellos), la banda sonora de John Williams. Se trata de una de las composiciones más poderosas que jamás he escuchado, especialmente en combinación con las imágenes. Perdió el Oscar. Por mucho aprecio que le tenga a la banda sonora de "La comunidad el anillo" mi opinión es que no es superior. Shore no pilló el puntito de integración de una gran orquesta en la acción hasta la siguiente película, e "Inteligencia Artificial" es una composición maestra en todos los niveles.

sábado, enero 14, 2006

La ciencia en la ciencia ficción

Venga, aprovechando la circunstancia de que he incurrido en la egolatría suprema y he insertado un contador en el blog (aunque pequeñito y partiendo de cero visitas, que conste), voy a ver si me arranco con una de esas entradas de las de antes.

Voy a desvariar un poco sobre el uso de la ciencia en la ciencia ficción, más específicamente, en la ciencia ficción en castelleno.

Será que no leo suficiente, pero se me antoja que eso de la ciencia es, en el mejor de los casos, algo muy secundario para la inmensa mayoría de escritores hispanohablantes. Confieso que no he leído ninguno de los ganadores del Alberto Magno, que me han dicho que son los premios más orientados hacia el hard, y también he de confesar que es muy probable que no sea el mayor experto en cuanto a producción nacional se refiere, pero bueno, esto no pasa de ser una mera impresión subjetiva.

La ciencia ficción que suelo encontrar por ahí (en ezines, recopilaciones y demás malas hierbas) podría encuadrarse mayoritariamente en la space opera o la aventurilla fantástica sin complejos (tomemos, por caso, el Fabricantes del año pasado). Hace un par de entradas me quejaba de la supeditación de la calidad literaria a la Idea, como sigo quejica, ahora insisto con la supeditación de la ciencia a ese mismo concepto abstracto.

Lo de "ficción" no implica que resulte innecesario preocuparse por la fortaleza científica de la ficción. Es cierto que todo relato de género fantástico, por propia definición, parte de un núcleo especulativo o, directamente, irreal. Sin embargo, para conseguir que el lector se trague lo que le estamos contando (dicho finamente: "la suspesión de la incredulidad"), el envoltorio debería ser lo más verosímil posible, y no hay nada más verosímil que la propia realidad.

Incluso en cuestiones totalmente colaterales es conveniente atenerse a esta regla, por la simple razón de que los elementos reales, tomados en conjunto, no chirrían entre sí (cierto, podemos inventarnos el modo de justificar casi todo, pero cada alteración implica forzar nuestra capacidad para mantener el conjunto coherente). Eso por no hablar de lo bien que queda en el relato determinada información fácilmente obtenible por internet (últimamente, me gusta ir dejando en mis cuentos detallitos secundarios a la historia, por si a alguien se le ocurre profundizar en ellos y descubrir la información que hay detrás, coherente en la medida de mis posibilidades con el resto del relato).

Creo que me he ido apartando del tema de la entrada.

La ciencia.

Vale, pues eso, que entre los detalles poco trabajados que me encuentro por ahí, la ciencia suele estar en primera posición. Eso cuando el relato se preocupa lo más mínimo por aportar una explicación científica, que son las menos de las veces. Me surgen varias preguntas:

¿A qué se debe esta circunstancia? No puede achacarse por completo a la formación técnica de los escritores, ya que he leído cuentos de autores "de ciencias" con las mismas carencias que el resto (aunque, también he de señalar, que parecemos ser minoría). Parece ser una cuestión de inclinación o gustos. Lo que me preocupa es si este hipotético sesgo es lo bastante fuerte como para suponer un handicap para narraciones más orientadas hacia el hard. Es decir, ¿es un escenario creado artificialmente (quizás por los gustos personales de los editores o por mera inercia creativa) o responde a razones más profundas?

La cuestión no me resulta meramente académica. De la media docenita de proyectos que tengo en marcha (algunos desde tiempos inmemoriales), la inmensa mayoría se orientan fuertemente hacia el hard (cada uno con su propia idiosincrasia). ¿Estaré fuera de honda o aún me quedan esperanzas?

viernes, enero 13, 2006

El espectro de Malthus

Hay que ver de lo que se entera uno repasando listas de correo a las que sólo se está suscrito en modo web. Resulta que el pasado día 10 salió el especial de exobiología de Golwen.

El caso es que contiene un microcuento mío, "El espectro de Malthus".

En realidad, se trata de una versión ligeramente modificada de "La criatura", cuento que apareció originalmente en el número 111 de Axxón, allá por febrero del 2002. Pese a tratarse de uno de mis primeros cuentos publicados (el segundo, para ser precisos), aún lo considero muy correcto (no como otros). Normalmente no soy muy dado a publicar varias veces mis cuentos en distintos lugares (tampoco es que tenga tantos publicados como para que se haya suscitado a menudo esta disyuntiva), pero éste era un caso especial. No sólo me gusta bastante el cuento, sino que además se ajustaba perfectamente a los parámetros de la convocatoria y, por añadidura, me permitía retocarlo ligeramente para concordar mejor con la idea que tenía al escribirlo.

Ya he indicado que las modificaciones son mínimas: un par de correcciones aquí y allá, y un pequeño añadido que confiere su significado pleno al desenlace. Precisamente por este añadido, cambié el insulso título original (qué le voy a hacer, así me las gasto a veces con los títulos) por el nuevo, más sugestivo (espero).

Para quien tenga ganas, puede comprobar la idoneidad (o no) de las modificaciones leyendo "El espectro de Malthus" y luego la versión original (es cortito, no llega a las mil palabras).

miércoles, enero 11, 2006

Una divagación

Esta entrada está dedicada a Felicidad, incombustible visitadora de este blog moribundo. A ver si aún tiene salvación (el blog, no Felicidad, que por lo que sé no necesita de salvación).

Ahora el problema es ver sobre qué puedo divagar.

Nada de lo que se me ocurre merece la pena. Tal vez sea porque están siendo unos días bastante jodidos y todo lo veo desde una perspectiva muy pesimista. El fándom, por ejemplo. Mira que yo suelo hacer bromas con mi ego (en la presentación del blog, sin ir más lejos), pero verdaderamente se queda corto para lo que se cuece por ahí. Lo que más me fastidia es la exaltación de la mediocridad; sólo porque has logrado hacerte con un grupete de amigos dispuestos a apoyar a uno de los suyos. Después hay muchas quejas respecto a que el fantástico es un género menospreciado pero, ¿en cuál otro se hace tanto la vista gorda respecto a evidentes carencias literarias de sus autores? ¿En cuál otro se publican y alaban verdaderos atentados contra la lengua? ¿En cuál se forman camarillas cerradas dedicadas a la autocomplacencia y ciegas a todo lo demás?

Vale, esto último supongo que ocurre en todas partes, pero lo anterior no.

Ojo, no estoy diciendo que no hayan obras de valía y autores serios. Simplemente, me resulta inexplicable encontrarme con según qué cosas y con según qué críticas a las mismas (tampoco vale la pena ofrecer una lista, porque sería incompleta y por tanto injusta, pero cualquiera puede pensar en su propio listado). El respeto se gana o se pierde en base a lo que se produce... o así debería ser.

Bueno, para terminar con una nota positiva (Felicidad no se merece un dedicatoria amarga), y para demostrar (o enmascarar) que esto no es un arranque de frustración, anuncio que este año no se me escapa sin conseguir un par de premios y publicar al menos un par de cuentos en papel, si puede ser cobrando mejor. Mi lista completa de objetivos es más completa y detallada, pero tampoco es cuestión de arriesgarme hasta tal punto al escarnio y pitorreo públicos .

viernes, enero 06, 2006

Lordvir

Bueno, aquí estoy de nuevo, después de muchas semanas (¿meses?) sin ánimos para subir nada al blog. Tampoco estoy seguro de que vaya a reengancharme, pero...

La ocasión de tan memorable acontecimiento no es otra que inaugurar las entradas ególatras del año con el anuncia de la publicación de un minicuento en Axxón. Se trata de "Lordvir", en la sección Ficción Breve del número de enero (158). Un cuentecito que espero que al menos sea simpático; una simple broma sin más pretensiones.

El del mes que viene (posiblemente) será igual de corto, pero muy diferente.

lunes, noviembre 21, 2005

El comportamiento berserker de los hobbits

Hace tiempo que no subo ninguna entrada nueva. En realidad, tengo una a medio escribir, como borrador, desde hace días. No es que hoy vaya a escribir muchas líneas, pero es que tampoco vale la pena retrasarlo demasiado.

El caso es que acaban de publicarme el 'ensayo': "El comportamiento berserker de los hobbits", en el número 156 de Axxón. Se trata de un análisis un tanto peculiar sobre esos pacíficos y mofletudos medianos, apoyado en citas de "El Señor de los Anillos". La verdad es que no se trata estrictamente hablando de una novedad, ya que se publicó originalmente en el verano de 2003 en la revista ESTEL, pero dado que ésta es de distribución exclusiva entre los socios de la Sociedad Tolkien Española, ésta es la primera vez que se somete al juicio del público en general.

Veremos cómo es recibido (la comunidad tolkiendili no es un baremo adecuado, ya que, evidentemente, conocen con cierto detalle la obra de Tolkien y, por tanto, puede hacerles más gracia). A raíz de este 'artículo' escribí este año el relato "La noche de los hobbits berserkers" que recibió el premio Gandalf 2005 (como ya comenté en una entrada anterior, aunque no hay que perder ocasión de cuidar el Ego).

jueves, noviembre 10, 2005

Harry Gregson-Williams

Esto de no escribir una entradita diaría podría llegar a viciar. En fin, algo rapidito, para cubrir la papeleta; una recomendación musical.

Aprovechando que hace poco mencioné en términos elogiosos la banda sonora de "Evasión en la granja", pues haré extensiva la recomendación al resto de la obra de uno de sus coautores, el británico Harry Gregson-Williams.

Este compositor emergente se formó bajo la tutela de Hans Zimmer en Media Venture (esa especie de factoría de música para cine). Así pues, sus primeros trabajos fueron colaboraciones en partituras como "La roca". Pronto formó pareja artística con John Powell y juntos compusieron grandes melodías para "Evasión en la granja", "Hormigaz" y, especialmente, "Shrek" (si podéis encontrar la banda sonora instrumental no os la perdáis, aunque esté formada por fragmentos muy breves).

No desaprovechó su oportunidad cuando le concedieron un trabajo en solitario para otra producción animada "Simbad, la leyenda de los siete mares" (injustamente fallida en taquilla). La banda sonora de "Simbad" es una auténtica maravilla, repleta de temas y magníficos coros (sin canciones). Repitió después en solitario con "Shrek 2" (aunque no alcanza los niveles de excelencia de la primera).

Del resto de su producción, destacaría las colaboraciones con los hermanos Scott, especialmente "Spy game" con Tony (muy electrónica y con una estructura tan esquizofrénica como la propia película... e igualmente impactante) y "El reino de los cielos" con Ridley (la que estaba destinada a proporcionarle el espaldarazo definitivo si hubiera funcionado... aun así, la música debería estar entre las nominadas al Oscar, a falta de los pesos pesados de fin de año).

Cortes destacados:

"Escape from the dragon" - Shrek
"Sirens" - Simbad: legend of the seven seas
"Building the crate" - Chicken run (verdaderamente hilarante)

De propina, el mejor enlace para consultar críticas sobre bandas sonoras:
http://www.filmmuziek.be/search.cgi
Busca en todas las principales páginas dedicadas a este asunto (Filmtracks, soundtrack.net, musicfromthemovies, moviemusicuk, scorevies, BSOspirit...).

martes, noviembre 08, 2005

Reivindicando: 2010, Odisea dos

Bueno, tras un apacible interludio de tres días (ya decía que lo de las actualizaciones iban a perder ritmo... además, como no se reciben comentarios...), vuelvo a la carga con una nueva "sección": Las reivindicaciones.

¿Cómo irá esto? Pues simplemente defendiendo obras generalmente poco apreciadas (pero defensas con fundamento). Para empezar, y aprovechando que ayer la medio vi (bueno, más bien la vi en un 70-80%, todo lo más que pude), alabaré una película injustamente menospreciada: "2010: Odisea dos" de Peter Hyams (1984). En estos momentos, Hyams ha alcanzado los más profundos abismos de ineptitud cinematográfica (con "El sonido del trueno"), pero por aquel entonces salía de dos grandes proyectos de ciencia ficción: "Capricornio uno" y "Atmósfera cero", por lo que resultaba una muy buena elección para adaptar este libro de Clarke (el último bueno de la serie).

¿Por qué reivindicarla? Pues por dos razones. Primero, resulta una magnífica adaptación, una de las mejores dentro del campo de la ciencia ficción, y de un libro nada fácil de pasar a la gran pantalla. Segundo, es uno de los escasísimos ejemplos de CF hard en el cine (que se suele decantar más bien por el impacto visual del ciberpunk o las aventurillas del space-opera). Y es necesaria esta reivindicación porque ha sido injustamente menospreciada al encontrarse a la sombra de "2001", el hito de Stanley Kubrik, rodada dieciséis años antes.

Sin embargo, me atrevería a ser tildado de sacrílego afirmando que "2010" es una película de ciencia ficción mejor que "2001". El experimento de Kubrik puede ser muchas cosas, pero resulta completamente (y seguramente a conciencia) incomprensible (puedes llegar a una interpretación leyendo el libro de Clarke, que se coescribió más o menos a la par que el guión, pero ésta resulta tan válida como cualquier otra... bueno, un poquito más, pero nada que ver con la de Stanley, si es que existe).

Voy a ir más lejos aun (¿Más?). "2010" es una de las poquísimas películas que han sido capaces de trasladar la ciencia ficción literaria a la gran pantalla, sin tener que transformarse demasiado en el proceso para ajustarse a los cánones cimetagráficos.


Tal vez el mensaje anti-guerra fría pueda chocar hoy en día, a dieciseis años de distancia de la caída del muro de Berlín, pero desde luego no nos faltan conflictos internos en este planetillo nuestro como para que el sentido último de cura de humildad y unión frente a la grandeza del universo conserve su vigencia (por cierto, la crisis ficticia que desencadena las hostilidades guarda enormes parecidos con la crisis de los misiles cubanos... lo cual aprovecho de rebote para recomendar otra gran película, "Trece días"). Pero bueno, este aspecto de la película es tal vez el menos literario (Clarke es mucho más optimista en cuanto a las relaciones internacionales). Centrémonos en los aspectos científicos.

Peter Hyams fue director de fotografía antes que director, y eso se suele notar en sus películas, donde los juegos de luces y sombras juegan un papel fundamental. En una aventura espacial, lógicamente, no podía desaprovechar la oportunidad de jugar con el contraste total entre luz y oscuridad que le ofrece la recreación de objetos iluminados en el vacío. Así pues, por fin, tenemos superficies totalmente negras cuando no están sometidas directamente a una fuente de iluminación (la "Leonov" es una maravillosa estructura repleta de entrantes y salientes para jugar con este concepto).

Otros detalles de los que maravillarnos pueden ser la explicación (y demostración) del concepto de frenado atmosférico, la naturaleza y función del devorador de mundos, la necesidad de emplear ventanas de lanzamiento para los tránsitos (de meses) por el sistema solar (con sistemas de hivernación sorprendentemente verosímiles), el retraso en las comunicaciones provocadas por la distancia, la redención de HAL 9000 (el doctor Chandra es un gran personaje y, si no otras cosas, la película merecería ser recordada por su reflexion acerca de la inteligencia artificial y la responsabilidad de nosotros, sus creadores, para con ella, en un plano de igualdad)... Multitud de temas tratados infinidad de veces en la literatura, pero normalmente desdeñados por el cine en beneficio del espectáculo (que también lo hay).

El guión deja fuera (creo que acertadamente) el destino de la "Tsien" (su lugar lo ocupa toda la subtrama prebélica). Por ello, Europa debe explorarse remotamente, sin que se nos explique lo de los ecosistemas primigenios bajo sus superficie helada, simplemente se apunta la presencia de clorofila orgánica. Esta simplificación parece necesaria, ya que una película nunca puede soportar la misma densidad técnica que una novela (bastantes elementos hard soporta ya). Por la misma razón, no se incluye la fauna joviana (además, hubiera sido muy difícil representarlas adecuadamente con los medios técnicos de la época).

El principal error lo comete cuando intenta parecerse en exceso a su hermana mayor y opta por una representación de "Dave Bowman" con varias edades, incluyendo un niño estelar en miniatura. Hubiera sido mucho mejor si se hubieran atenido a lo descrito por Clarke (aunque, una vez más, los medios técnicos no eran los óptimos).

Por último, un comentario: Ha envejecido sorprendentemente bien. No desmerece en ningún aspecto a cualquier producción actual (más bien al contrario) y sólo algunos detalles como la moda pueden distraer la atención del espectador (aunque, ¿quién jura que dentro de cinco años no viviremos un surgimiento de dichas tendencias?). Esto lo logra conteniéndose y especulando según una base firme. No está nada mal como una proyección a veinte años en el futuro.

Ojalá rodaran más películas como "2010", tal vez entonces no habría que dar tantas explicaciones a un "neófito" sobre lo que ES ciencia ficción.

viernes, noviembre 04, 2005

Stop-Motion

Acabo de volver de ver "La novia cadáver", el último delirio de Tim Burton en animación fotograma a fotograma.

Fue el mismo Burton quien revivió (perdón por el chiste fácil) el género en 1993, con "Pesadilla antes de navidad", aplicando las más modernas técnicas (de entonces) a un arte tradicional y prácticamente en desuso (y quien se encargó de enterrarlo tres años después produciendo "James y el melocotón gigante", que recaudó la mitad habiendo costado el doble). Este año, ha vuelto a una historia de ambientación similar a su éxito inicial, apoyándose mucho en la ambientación y en las posibilidades artísticas del sistema escogido (complementado por el empleo de técnicas de animación digital para lograr determinados efectos), no tanto en el guión, al que le falta algo de profundidad.
Con un presupuesto de cuarenta millones de dólares, "La novia cadáver" es una producción relativamente barata. Ha recaudado menos de los esperado, se quedará en torno a los 55 millones, pero será un bombazo en DVD, así que a la postre, recuperará con creces la inversión, asegurando al menos un nuevo proyecto (a ver si Burton muestra que su inventiva no se limita sólo a lo macabro y estrambótico).

Compitiendo casi directamente con ella, se ha estrenado también la última producción de Aardman Animation, también en stop-motion (animación de plastilina en este caso, o clay-mation), la entrada en el mundo del largometraje de los oscarizados Wallace y Gromit (en la horriblemente traducida: "La maldición de las verduras"). Se trata de la película con mejores críticas del año, aunque la taquilla no la ha acompañado tanto (pese a todo, duplicará su presupuesto de treinta millones sin ningún problema y después ganará capazos de dinero en el mercado videográfico).

Los estudios Aardman se han tomado su tiempo, cinco años, para producir los 85 minutos de animación de Wallace&Gromit y es que la clay-mation es un sistema barato aunque extraordinariamente laborioso. No han alcanzado el nivel de éxito de su anterior trabajo, la magnífica "Evasión en la granja" ("Chicken run", 2000), pero cuentan con muchísimas papeletas para conquistar el Oscar de animación de este año (la crítica está machacando la primera aventura de Disney en el terreno de la animación por ordenador tras la separación de Pixar, "Chicken little" y la última de Miyazaki, "El castillo errante de Howl", no ha conectado con los gustos americanos tal y como Chihiro lo hizo... será una batalla entre dos productos Dreamworks: "Wallace & Gromit" y el gran éxito comercial del año, "Madagascar").
Por cierto, mencionando "Evasión en la granja" no puedo sino recomendar su magnífica (y divertidísima) banda sonora, obra de John Powell y Harry Gregson-Williams. Tampoco puedo dejar de hacerme eco de una triste noticia: un incendio destruyó hace poco todos los escenarios y todos los modelos que Aardman Animatios guardaba de esta película

La animación digital está empezando a mostrar cierta debilidad (su infalibilidad hasta la fecha ha hecho que se descuiden los guiones y se ha perdido la novedad) y la tradicional está muerta (en EE.UU.). Disney ha desmantelado su estructura de producción y Dreamworks, la única productora que ha llegado a plantarle cara (aunque actualmente toda la compañía esté pasando por apuros), no tiene previsto abordar el subgénero (tras el inmerecido fracaso de "Simbad", se apresuraron a mostrar a la prensa que sus proyectos para los próximos seis años eran todos digitales, queriendo demostrar que ese fracaso no tenía nada que ver con su planificación). ¿Podría ser el turno de la stop-motion?

No lo creo. El tipo de historias a contar se ve limitado por las características del proceso. Además, el único superéxito comercial es "Evasión en la granja", aunque sin llegar a los niveles de casi cualquier producción digital. Sin embargo, sí que es probable que en los próximos años disfrutemos de nuevos proyectos (quizás hasta Aardman termine su versión de la fábula de la liebre y la tortuga, cuyo rodaje fue interrumpido hace un par de años por "serios problemas de guión"... ojalá ciertos productores tomaran ejemplo).

No puedo concluir sin hacer mención al gran Ray Harryhausen, verdadero maestro de la técnica del stop-motion ("Jasón y los argonautas", "Hace un millón de años", sus películas de Simbad, "Furia de titanes"...). Sus películas constituyeron una cima del arte de los efectos especiales durante los años 60 y 70. Los actuales animadores lo reconocen como una fuente de inspiración y lo homenajean, bien sea llamando Harryhasuen's al club de "Monstruos S.A.", bien sea utilizando dicho nombre como marca de un piano (durante una de las principales escenas) en "La novia cadáver".

jueves, noviembre 03, 2005

The making of "La sonrisa de Strauss"

Hoy dedicaré poco tiempo a la entradita diaria, más que nada porque la tengo escrita desde hace más de un mes. Se trata de un pequeño experimento sugerido (aunque no sé si se acordará) por Carlos: una exposición sobre el proceso que llevó a la escritura de "La sonrisa de Strauss", publicado en el número de septiembre de Axxón. Evidentemente, me dedicaré a desmenuzarlo, así que si no lo has leído, ya puedes ir haciéndolo aquí (si no, ocurrirán dos cosas: que te de lo destriparé, por lo que ya no podrás, hipotéticamente, disfrutarlo y, además, no entenderás nada de cuanto sigue).

¿Ya?

Bueno, yo prosigo.

Todo surgió a raíz de los requerimientos de Sergio Gaut vel Hartman para que le escribiera un cuento para Axxón. Vete tú a saber cómo le había entrado en la cabeza que tal texto podía valer la pena (pues no soy consciente de que hubiera leído previamente ningún relato mío; tal vez alguno de los viejos de Axxón, pero saben los cielos que entre ellos hay alguno que otro que, decididamente, no representa una elevada cumbre de la creación literaria). En fin, el hecho es que, habiéndome visto obligado a retirar un cuento por circunstancias que no vienen al caso especificar, me sentía en cierto modo en deuda.

La ocasión no parecía presentarse propicia, dado el escaso tiempo y, seamos sinceros, la vagancia crónica que arrastro. Tenía que surgir un destello de inspiración que hiciera atractiva su escritura. Dada mi vena puñetera, dicha inspiración llegó gracias a conversaciones de sobrebocata con mi muy estimado compañero de tertulia y asiduo colaborador de Axxón, JVO (utilizo las iniciales para que la familia de José Vicente no se sienta avergonzada por haber sido Ortuño el motivo último que ha propiciado la escritura de esta jerigonza).

En fin, centrémonos. El caso es que por aquel entonces le había sido transmitida la valoración casi unánime de uno de sus relatos, cuyo protagonista era un vampiro. La unanimidad radicaba en el curioso concepto de que el cuento mejoraría mucho si el protagonista dejara de ser un chupasangre (circunstancia que, por otra parte, dejole no poco perplejo). Tal aseveración venía acompañada de un breve párrafo donde el ínclito SGvH le exponía motivos varios para justificar su disgusto (casi más, hastío) respecto a tal criatura de ficción según viene siendo utilizada, desde hace más de dos siglos, en la literatura de terror.

La tentación era demasiado grande: ¡Escribiría una historia de vampiros para Axxón!

Una vez tomada la decisión, fue cuestión de unos días armar el esqueleto de una idea. La historia iría de un vampiro en el mundo actual que se dedica a la escritura de novelas históricas. En determinado punto se bloquearía y saldría a buscar inspiración, chupándola, literalmente, de una joven. En retrospectiva, creo que puedo trazar el origen de esta idea hasta un concepto abandonado hace algunos años al poco de iniciar su escritura (el resultado fue tan nefasto que abortó cualquier exploración ulterior de ese tema… hasta la fecha). Aquel relato giraba en torno a un cronista inmortal, que registraba todo cuanto ocurría a su alrededor, con la salvedad de que no sabía para qué e incluso era incapaz de recordar aquello de lo que había sido testigo. Este personaje era descubierto por un estudiante de historia y se supone que el cuento trataría sobre la memoria y el olvido. Como he apuntado antes, no cuajó.

Normalmente, preciso que la estructura del relato esté más definida antes de comenzar a escribir una sola línea. Después puede sufrir todas las variaciones que se tercien, pero debe haber al menos un esbozo mental bastante completo de la trama principal. No fue el caso, y se notó.

El cuento daba inicio con unas líneas de la novela en curso (en cursiva, aunque sin hacer mención de que se trata de una trascripción de aquello que escribe el vampiro, para tratar de engañar por unos instantes al lector sobre lo que va a leer). El estilo es muy distinto al resto del relato, mucho más recargado, con unas metáforas decididamente barrocas. No sé por qué elegí esa ambientación. Lo cierto es que entonces no había nada pensado acerca del vals, ni tampoco de Strauss; era simplemente un inicio como otro cualquiera. Situaba (con posterioridad) la vida del vampiro en al menos siglo y medio (bastante menos de lo que en un principio tenía previsto… sorpresas que procura la escritura).

Después había que cortar bruscamente al tiempo presente (y “real”), presentando a Víctor, el personaje principal, sin dar ninguna pista sobre su condición sobrenatural. Hasta aquí no había problema en seguir el guión previo. Llega un personaje misterioso, el escritor se bloquea y… bueno, pues paradójicamente me bloqueé.

Como ya he comentado, la estructura del relato no era suficientemente firme. Sin alguna pista acerca de por dónde iba a derivar la narración me veía imposibilitado a continuar. Al encontrar a la chica, ¿descubriría cuál es su papel en la historia y acabaría contándola al modo de cuento dentro del cuento? ¿Cómo se produciría dicho encuentro? ¿Cómo se comportarían ambos? En pocas palabras, tenía una idea plana y necesitaba profundidad.

Por fortuna, la Wikipedia vino en mi auxilio. Al no tener la más mínima idea de música, decidí echarle un vistazo a lo que tuviera que decirme sobre el vals (no mucho, la verdad, aquí me decepcionó) y de ahí fui pasando a los Strauss (Johann padre y Johann hijo) y otros compositores de la época (en las biografías la Wikipedia nunca falla). Allí había algo. Toda aquella información debía ser aprovechable. Había llegado el turno de dejarlo reposar todo un buen rato, a ver qué salía.

Esto ocupó cerca de un mes. Entendámonos, no fue un mes de profundas cavilaciones, estudio y desestimación de posibles enfoques. Se parece más a una fermentación lenta, aprovechando de tanto en tanto alguna neurona despistada que quedaba libre. Durante este tiempo la idea de emplear como subtrama la vida de Strauss fue cobrando fuerza. Finalmente, llegó un momento en que todo estaba preparado para eclosionar (ni idea de cómo lo intuí). Con un par de días por delante más o menos libres, volví a la Wikipedia y analicé con mucho mayor detenimiento los artículos antes citados, buscando aquella información que pudiera serme de utilidad.

Armado con estos conocimientos volví al relato y éste comenzó a fluir, siguiendo a partir de donde lo había dejado sin demasiado esfuerzo. El encuentro con la chica fue casi totalmente improvisado. Tenía en mente la escena de ellos dos bailando un vals en un callejón y aquello sólo era posible si, de algún modo, el vampiro imponía su voluntad a los simples mortales. Así pues, sin estridencias, se encuentra con ella y la domina, mientras que sus acompañantes pasan de largo sin pararse a considerar lo que estaba ocurriendo.

Sigue una descripción destinada a poner de relieve las diferencias externas entre esta chica y la protagonista de la novela, diferencias a las que el vampiro no presta atención, pues busca algo distinto. No estaba planeado el que la chica no dijera nada, simplemente, en ningún momento encontré palabras que fueran relevantes, quedaba mucho más misterioso el que nunca supiéramos nada más de ella que la ficción urdida por el vampiro (convirtiéndola así en mayor víctima incluso).

Tras llevarla a un lugar apartado llegó el momento de introducir el vals y a Strauss en la mezcla como trama secundaria. A partir de aquí, como siempre que la historia funciona, la narración empezó a tomar las riendas por sí misma, aprovechando los cabos sueltos (tanto los voluntarios como aquellos dejados inconscientemente) para ir urdiendo algo más complejo que la suma de las tramas.

Víctor pasó de estar en Viena en la época de Strauss a conocerlo personalmente, y de ahí a estar íntimamente ligado a él. Poco a poco afloró la idea del precio de la inmortalidad: desligarse del contacto humano, alienarse del resto de la humanidad. El bloqueo puntual se convirtió en un síntoma de la incapacidad del vampiro para empatizar con otras personas salvo en el momento de acabar con su existencia. Los datos biográficos, todavía presentes, disminuyeron su importancia (en su mayor parte están insinuados, ya que de ser un elemento principal se transformaron en un contexto para las relaciones vampiro/músico y vampiro/chica).

La pieza principal encajó con total suavidad durante la muerte de Strauss. El compositor se hizo inmortal con sus valses y el vampiro se ve obligado a robar la inmortalidad, como pedazos de humanidad, de aquellos que ya no son sus semejantes. En cierto sentido, recupera la idea sobre la memoria y el olvido, dejando la duda sobre si el precio merece la pena. El relato no emite juicios sobre lo acertado de las opciones escogidas, tan sólo las contrapone.

Los últimos párrafos están dedicados a borrar el posible sentimiento poético que pudiera quedar como una máscara sobre las acciones del vampiro, poniendo de manifiesto que ése es el camino que ha escogido libremente y que lo disfruta, al tiempo que deja bien claro que, por muy delicado que haya sido todo, lo que ha acontecido es un asesinato y un robo, de algo más importante que un simple bien material. Su camino hacia la inmortalidad consiste en convertirse en un parásito que bebe en existencias ajenas el impulso vital del que ya no disfruta.

Por último, había que decidir el título. Lo reconozco, soy el peor “titulador” posible. Sin embargo, en este caso, creo que me ha salido sorprendentemente bien. Hay muchas sonrisas en el cuento. La chica sonríe, Víctor sonríe, Isabel sonríe en su novela (y es esta sonrisa la que sale a buscar el vampiro) y, por supuesto, Strauss sonríe. Durante todo el texto me detengo de forma casi enfermiza en todas estas sonrisas. Sin darme cuenta estoy señalándolas como algo importante, como una especie de resumen del relato o unos hitos fundamentales del mismo. Sin embargo, por alguna razón, es la sonrisa de Strauss la más importante, es la que plantea el dilema (casi mejor, lo resuelve, al menos desde su punto de vista). Por si esto fuera poco, el nombre de Strauss evoca valses y Viena y un montón de connotaciones maravillosas.

Se trata de un título con pleno significado a posteriori, pero que no revela nada con antelación. Lo dicho, mi mejor título hasta la fecha (para variar).